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BELISARIO Y EL IDEAL DE DESECTARIZAR

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10 de diciembre de 2018

El verbo desectarizar, que entraña un ideal y un propósito de vida, se lo escuché a Belisario Betancur a mediados del decenio de los setenta, en una tertulia amenísima colmada de historias y anécdotas, organizada por EL COLOMBIANO, en la que también hablaron como invitados Otto Morales Benítez, Jaime Sanín Echeverri y otros viejos colaboradores del periódico, a quienes los noveles periodistas de entonces leíamos y admirábamos como ejemplos de agudeza intelectual, erudición y estilo literario universal.

La reunión la moderó el Director, Juan Zuleta Ferrer y la acompañaron Fernando Gómez Martínez y Julio C. Hernández. Eran Coordinador y Administrador los todavía jóvenes diaristas Juan Gómez y Jorge Hernández e intervino el fogoso columnista Alberto Velásquez Martínez, fundador del grupo Tema Libre. Sucedió en uno de los salones del Club Unión. A Betancur como porfiado candidato presidencial ya lo habíamos apoyado unos cuantos ciudadanos en una o dos elecciones: Mi primer voto fue por él y la Democracia Cristiana.

El espléndido repertorio anecdótico integrado al relato de su presencia en las páginas editoriales y el Suplemento Generación del periódico incluía las referencias a la época en la que le ayudaban a un paisano y luego magnífico escultor, que vivía en México, mediante magras remesas producto de las colaboraciones que firmaban en Ecos y Comentarios con el seudónimo de Prab (Para Rodrigo Arenas Betancur). Reafirmaron la gratitud por la paciencia y la tolerancia de Gómez Martínez con los nuevos escritores, resaltaron las dificultades de la época en momentos de turbulencia política, recordaron su paso estudiantil por la Facultad de Derecho de la Bolivariana y los regaños y consejos de Monseñor Henao y protagonizaron, en fin, un espectáculo de la inteligencia y la oratoria jovial del que hay registro textual y fotográfico en el archivo del periódico.

Ese mismo verbo desectarizar, que no sólo no figura en el Diccionario sino que parece condenado a la proscripción de las costumbres colombianas, volvió a conjugarlo el Belisario Presidente y luego el expresidente, en numerosas reuniones con él, tanto en este diario como en la Bolivariana. “En El Colombiano me desectaricé, nos desectarizamos”, decía para destacar el modo de pensar, de ser y de actuar aprendido en esta escuela del buen periodismo y experimentado en sus años juveniles en las faenas de las páginas editoriales y literarias, que fue consustancial a su vida política de estadista y de maestro de la paz, la concordia y el entendimiento.

Desectarizar sigue siendo un ideal de ética política malogrado para la mayoría de este país asediado por el azaroso sectarismo primitivo. Desectarizar, verbo trascendental que predicó y aplicó Belisario, hombre representativo (como en la definición de Emerson) dotado de la capacidad de encarnar la identidad de una nación.