Breve historia de la cocaína
Como es sabido, la cocaína, en sus diferentes formas, proviene de la planta de coca, originaria de la cadena montañosa de los Andes de Sur América, se cultiva entre los 500 y los 2000 metros sobre el nivel del mar. Los nativos la usaron y la usan todavía, porque al respirarla se absorbe mejor el escaso oxígeno del aire en las grandes alturas andinas, lo cual les da fuerza para trabajar y les ayuda, además, a soportar el hambre.
La cocaína fue sintetizada por primera vez en Alemania en 1855, esto es, convirtieron las hojas de la mata de coca en cristales blancos. Pero sus efectos medicinales no fueron reconocidos sino hasta 1885, primero como gotas para los dolores dentales y, finalmente, cuando el famoso sicólogo, Sigmund Freud, promocionó el uso de la cocaína como un tónico efectivo que podía curar la depresión y la impotencia. En 1886, John Pemberton incluyó la cocaína como un importante ingrediente de la Coca-Cola, lo cual contribuyó a lanzarla al primer lugar entre las bebidas populares. El señor Pemberton eliminó en 1903 el uso de la cocaína en la fórmula de la Coca-Cola.
Entre 1850 y 1900, se mezclaron la cocaína y el opio con vinos y estimulantes que fueron empleados por todas las clases sociales. Su uso milagroso lo popularizaron personajes tan famosos como el gran inventor Tomás Alba Edison o como la actriz Sara Bernhart. En esa época se aceptaba el consumo de los narcóticos como parte de la vida diaria. Los mensajes que los promovían venían desde Hollywood. El comportamiento de los famosos influye más en las masas que cualquier forma de propaganda.
El fumar cocaína pura se propagó en la década de 1970. Pero el “crack”, que es una mezcla de cristales puros de coca con bicarbonato de sodio, mezcla que al realizarse suena, de ahí su nombre de “crack”, tan solo emerge en la década de 1980 en las grandes ciudades de los Estados Unidos. El “bazuco” nuestro también aparece en esta década, es una droga de bajo costo, elaborada con residuos de la coca pura, más cafeína y bicarbonato de sodio, entre otros. El efecto adictivo del “crack o del bazuco” es peor que el de la cocaína pura, es tan elevado que quien lo fume por primera vez, puede volverse adicto.
Numerosos son los efectos negativos de los abusos en el consumo de la cocaína pura o de sus derivados durante períodos de tiempo prolongados, por ser estos poderosos estimulantes, producen: insomnio, falta de apetito, depresión, alucinaciones... Pero lo más grave parece ser la falta de la droga, la abstinencia, porque se desesperan tanto que pueden cometer asesinatos para obtenerla y llegar hasta el suicidio.
En Colombia comienza a elevarse el consumo de cocaína en la década de 1990, tras la nefasta “despenalización del consumo de la dosis personal de estupefacientes”, error imperdonable de su creador, el magistrado Carlos Gaviria Díaz. En la década de 2010, se dispara el consumo por acá hasta entre los niños, por culpa de la connivencia del presidente Santos con el negocio por exigencia de las Farc para firmarle los acuerdos de La Habana.
Por último, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump le exige al presidente Santos que erradique los cultivos que le saltaron desde las 78.000 hectáreas en 2012 hasta 200.000 en 2017. Mientras vivamos en un mar de coca en Colombia no habrá paz, porque, infortunadamente, se ha convertido esta en la única fuente de ingresos para incontables campesinos.
Tanto por las razones aquí citadas, como por muchas más, está prohibida la coca por las legislaciones de casi todos los países del mundo. El primer país en hacerlo fue Estados Unidos mediante The dangerous drug act of 1920.