Buen vivir, huertas orgánicas
Tengo esperanza de que lograremos recuperar la Tierra. A esta madre la hemos ultrajado sin misericordia en los últimos 50 años, pero cada vez hay más conciencia del daño hecho y de la imperiosa necesidad de revertirlo. En las instituciones educativas hay cada vez más iniciativas que proponen a sus habitantes (estudiantes, empleados, profesores) nuevas y buenas prácticas amigables con el medio ambiente, que redundan en el buen vivir humano. El “Buen Vivir” no es un concepto casual. Es la traducción más aproximada que se hace al castellano de la expresión Sumak Kawsay, “un concepto ancestral de los pueblos nativos del Abya Yala, específicamente del territorio subcontinental que conocemos como América del Sur”, se lee en la página de la Secretaría del Buen Vivir, de la República del Ecuador.
Nuestros pueblos ancestrales no tenían la noción de desarrollo ilimitado, que se tiene hoy. La racionalidad de las sociedades influenciadas por el capitalismo de este tiempo exalta la eficiencia de la masiva explotación industrial que, bajo la lógica del mercado, ha convertido todo en un bien de consumo. Hoy se cree que el éxito económico es el máximo ideal y desarrolla la premisa de que lo más eficiente es que cada persona, únicamente, vele por su propio beneficio. Esto ha aislado al ser humano de su comunidad y de la naturaleza. Es un estilo de vida “ecocida” que está en evidente crisis y no puede sostenerse más. Todo esto se asegura en la página ecuatoriana ya citada.
Todo esto para decir que ya muchas personas, en diferentes contextos, como las instituciones educativas, están volviendo, al menos, a pensar en acercarse a la Tierra de una manera distinta a aquella de masacrarla con una retroexcavadora para sembrarle una torre de 25 pisos. En la UPB, por ejemplo, nació hace poco el grupo “Buen Vivir, huertas orgánicas”, que promueve en los bolivarianos “el arte de sembrar. Paulatinamente nos hemos impregnado de esta pequeña sensibilización. Buscamos irradiar una práctica cultural de sembrar y cuidar las plantas, que te nazca tener una huerta en tu casa o en tu facultad”, asegura Cristian Velásquez para la Agencia de Noticias UPB.
A Santiago Restrepo Vélez, docente de la UPB, agradezco su enseñanza de viernes por la tarde. Ya con mi papá, de casi 80 años, empezamos a sembrar nuestras primeras canastas con huertas orgánicas caseras.