Cada loro en su estaca
Al viejo amigo Juan de la Ermita le interrumpí el retiro espiritual en Martitunia, su casa en Pueblotapao, Quindío, donde además está consagrado a escribir sus memorias histórico-políticas. No podíamos evadir el tema de actualidad. Aunque mantiene una actitud de optimismo realista con matices de escepticismo insoslayables a la edad otoñal, piensa que, por ejemplo, los dictámenes de cuatro de las seis encuestas recientes, que indican la ventaja del candidato Iván Duque, muestran cómo la gente está reactivando el sentido común y tiende a fortalecer una afirmación del interés creciente en que el estado de cosas insoportable cambie y el país supere la etapa indignante del desgobierno.
Don Juan sostiene que, al menos por lo que señalan los resultados de las elecciones y la consulta de hace dos semanas y las tendencias de los sondeos, está ensanchándose un movimiento de opinión pública no clasificable como expresión derechista sino, mejor, como anuncio de un nacionalismo afirmativo y progresista. Los encasillamientos en derecha o izquierda son artificiosos y simplistas, como bien lo conceptuaron pensadores de la estatura intelectual de Norberto Bobbio.
Pero además, Juan de la Ermita pone muy en cuestión la tibieza y la flojedad de quienes señalan la inconveniencia de la llamada polarización. Y recuerda, muy a propósito, el comentario reciente que me escuchó por la radio, en el cual, palabra más, palabra menos, dije que una sociedad abierta y democrática tiene que aceptar, tolerar y practicar una polarización constructiva que la aparte del pensamiento único y totalitario, porque ante todo es preciso salvaguardar el derecho a la discordancia. No discordar, no discutir, por temor a polarizar, facilita el relativismo valorativo y la connivencia con el todo vale.
Para el colega Juan de la Ermita, un problema clave de este país consiste en que al perder la sindéresis (la que parece está recobrando) deja que las responsabilidades públicas las asuman personas que en gran parte de los casos no acreditan capacidades ni competencias pertinentes. Muchísimos están en el lugar, el puesto y el destino equivocados. Se les mete en la cabeza que tienen que ser nombrados o elegidos para algo en lo que acaban por fracasar y causar colapsos corporativos o institucionales tremendos.
¿Y cómo vería Juan de la Ermita a algunos de los actuales candidatos? “A Petro, como senador crítico, fiscalizador. A Claudia López, como zarina anticorrupción, una suerte de reencarnación de Dracón. De la Calle, como representante del nuevo gobierno en los diálogos con el Eln. Vivian Morales podría ser Ministra de Justicia. Vargas Lleras sería buen Ministro de Defensa. El afable Doctor Fajardo sería un gran Director de Colciencias o del Icfes. La Vicepresidenta Marta Lucía, Canciller. Y así, en forma sucesiva. Cada loro en su estaca.