Columnistas

Camino a la demencia

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21 de julio de 2017

Por ahora, como lo reseñamos en una nota periodística reciente, no hay límite para la vida humana, lo cual no quiere decir que lleguemos a la inmortalidad.

Pero a la vez que se cree que nada impide que se viva más allá de los 120 años, que hoy es cosa extraña, hay algo cierto: se vive más, pero más enfermos. Más dementes, también.

La expectativa de vida global es de 69 años para hombres y de 73 para mujeres, según el reciente informe del Departamento de Asuntos Sociales y Económicos de Naciones Unidas.

No solo el planeta va hacia los 9800 millones de habitantes en 2050, sino que la población mayor viene al alza también ante el descenso en la tasa de natalidad. El número de personas con 60 o más años se duplicará a 2050 y triplicará a 2100. Y de los 117 millones que hoy viven con 80 o más años, se llegará a 425 millones en 2050.

Hace unas semanas, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos presentó su informe científico, encargado a especialistas, sobre cómo detener el declive mental a medida que se envejece. La conclusión no es alentadora del todo: las intervenciones para prevenir ese declive y la demencia son prometedoras, pero nada concluyentes. O sea, puede que sí, puede que no.

Por eso se sugirió informarle a la opinión pública que ese es el estado de cosas, para no prometer terapias milagrosas que de nada servirán.

El comité de expertos, sin embargo, encontró potenciales efectos positivos, aunque limitaciones en las evidencias sobre tres aspectos.

El entrenamiento cognitivo, esas intervenciones dirigidas a fortalecer el razonamiento, la memoria y la velocidad de procesamiento para retrasar ese declive mental. Hay indicios de que algunas técnicas serían útiles, pero no todas.

Manejo de la hipertensión sanguínea: hay señales de que controlarla en la edad media de la vida ayudaría a alejar males como el alzheimer, pero aún la información es insuficiente.

Más actividad física: crece de la evidencia de que ayudaría a disminuir la pérdida mental, pero aún no es suficiente, y tampoco se sabe cuáles tipos de actividad física ayudarían.

La tragedia de llegar a una edad avanzada es la pérdida de capacidades mentales. Y a eso seguimos expuestos. No hay cura todavía.

Al contrario del viejo adagio de ‘ante la duda abstente’, hay que decir que al menos se debe atacar el declive desde los tres puntos citados. No sobra.

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