Cansancio electoral
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
Parece que las elecciones presidenciales no fueran a llegar nunca y mientras tanto este país, con todos adentro, camina cansado el último tramo de una campaña política llena de ruido y bajezas, de incoherencias visibles y coaliciones nauseabundas. Todos con un grito seco para avisar que no soportamos más la irresponsabilidad social de los candidatos y el estilo agresivo de sus seguidores -que más parecen fanaticada- imposibles frente a la reflexión y el consenso e incapaces de la crítica propia. Todos. De arriba abajo y de izquierda a derecha, en una época y un lugar tan irracional que los aspirantes tienen que hacer público un “pacto de no agresión”, como si esto se tratara de una arena violenta en la que los golpes bajos ponen el listón. Y cada semana una nueva encuesta que no se compadece con la anterior, ni con la de otra empresa. Y cada día otro debate más del candidato o de su fórmula en el que, a esta altura, se confunden las propuestas y las frases y resulta difícil discernir quién dijo qué, porque se repiten las generalidades más absurdas y se hacen las promesas más ridículas para ver si subo medio punto allí, si me entrevistan treinta segundos allá, si soy portada en este diario o tengo el cuarto de hora de fama que es el empujón clave para meter mi nombre en junio. Y si eso no resulta, o como acompañante paralelo de los medios tradicionales, un golpe escandaloso en redes sociales que busca la idiotez de convertirse en “viral”: ese nuevo trofeo de la época de la torpeza en el que aparecen los tontos expertos de nada con la respuesta para todo. Un ruido insostenible, como este, sin pausa y sin respiro, como una avalancha de datos inconexos en el que cada uno escucha lo que quiere y desecha aquello que lo cuestiona y culpa al otro por lo que él mismo hizo apenas unos segundos atrás. Con unas caras en el tarjetón que promueven el pánico desde las esquinas y otros, entre inocentes e inconsecuentes, que dicen que no hay que dejarse vencer por el temor, aunque hay que sentir miedo por los que promueven el miedo. Como un túnel que más parece cueva, con una actualidad que desilusiona, personalista, cada día más violento en lenguaje que el anterior en este calendario electoral que la mayoría quiere terminar ya porque mientras decimos construir democracia destruimos nación. Sin respeto y sin respiro.