Carta a un arquero: Franco Armani
En algún momento, apreciado Franco Armani, espero estrecharte la mano. Como soy más paisa que un carriel de Jericó, te voy a tratar de VOS, además porque sé que en Argentina es lo más normal.
Lo primero es darte las gracias por el gran ejemplo de superación y humildad que sos y que les estás dando a nuestros muchachos. Vale la pena traer gente así a nuestra tierra, ché. Cuando llegaste a jugar en Nacional nadie te conocía. Imagino el día que saliste por el Aeropuerto de Ezeiza con la maleta cargada de ilusiones, como la letra de un tango: “me voy a Medelllllín”, les dijiste a los tuyos, sin saber que aquí ibas a echar raíces, a encontrar mujer y a formar un hogar.
Tuviste que trabajar en silencio. No sé quién en el Club tuvo la idea de dejarte para ver cuánto eras capaz de progresar con el tiempo. Ya no sos un malbec joven, sos un vino tinto con más buqué, con más cuerpo. Maduraste. Si fuese un técnico, te diría que ya tenés más lomo y más viveza, viejo.
Lo que pocos recuerdan, respetado Franco, es que casi nadie te bancaba (te apoyaba y creía). Eras una incógnita. Pero nos la despejaste. Te has convertido en un líder hecho desde abajo, desde la orilla, desde el cojín de los suplentes.
Tuviste que esperar que pasaran por delante Gastón Pezutti, Luis Enrique “Neco” Martínez, Camilo Vargas y el mismo Cristian Bonilla. Con paciencia, con perseverancia y con un deseo infinito de brillar, te labraste un lugar en la cancha y en el corazón de la hinchada. Has salido figura en coliseos de guerreros y torcidas que atemorizan: del América, del Morumbi, del Monumental de Núñez y por supuesto de nuestro Atansio “Yirardot”, como dicen vos y tus compatriotas. Ahora que veo los videos de Nacional en la internet, leo las cosas que te dicen los chicos: “Franco Armani, mostruo”, “Arquerazo, Armani, mero gato”.
Vuelvo a la esencia de lo que sos, de lo que representás: un muchacho honesto, trabajador, mentalizado. Esos cinco años que pasaste esperando ser el titular te robustecieron, te blindaron, te engrandecieron. Vos sos un comino crespo, Franco. Fuerte y con unas vetas de nobleza que te brillan por dentro y ahora descubrimos viéndote jugar.
Recuerdo que se te escurrieron las lágrimas cuando te entrevistaron después de pasar a “penaltis” a la final de la Suramericana. Un momento soñado, porque regresarías a Argentina por la puerta grande, a jugar una final con River. Sí, River, ese mismo que ahora dicen que te quiere comprar.
Apenas me quedan unas líneas y les mando un mensaje a mi amigo Fernando (Saviolita) y a Los Sureños, para que coreen y palmoteen tu nombre muy duro en el estadio: “Armani, ta, ta tá”... “Arquerazo, ta, ta, tá”. Te ganaste el respeto y el cariño de esta hinchada, porque sos un grande del arco y de la vida.