Centro de mi corazón
Lo he dicho varias veces en esta columna, cada que voy a Medellín uno de los planes que más me gusta hacer es bajar al centro. ¿A qué? “A andar el mundo y a buscar con quién”, como decía mi padre cada que se iba por ahí sin ningún compromiso establecido. A mí también me gusta ir al centro porque sí. El hecho de caminar por sus recovecos, de meterme en lugares que ni siquiera son de mi gusto, me generan un placer inmenso. Cada detalle en el centro es una apología a la diversidad y eso ya es una recompensa. Casi siempre que regreso a casa me hago las mismas preguntas: ¿Por qué a ciertas personas no les gusta ir, por qué le tienen tanto miedo? Y yo no sé qué decir porque para mí el centro es puro placer, es un corazón que palpita y yo lo muerdo cada que puedo para llenarme de él.
Esta semana fui y caminé hasta que el día se hizo noche, al final subí por La Playa hasta el Teatro Pablo Tobón y me encontré con una actividad que desde hacía mucho quería conocer: Lunes de Ciudad, un espacio de discusión en la calle, al frente de ese teatro emblemático que cree que convivir es una fórmula mágica que cambia todo, como dice su director Sergio Restrepo. Por eso esta sala en la calle se ha vuelto el escenario para discutir y escuchar todos los puntos de vista alrededor de temáticas que le interesan a nuestra ciudad.
La calle es el lugar perfecto para respetar las diferencias, para conocer a alguien distinto de nuestro entorno. En la medida que conocemos al otro desaparece el miedo, y en la medida que ocupamos los espacios ganamos tranquilidad. Justamente pensando en esto, me pareció muy pertinente la nota que publicó El Colombiano el domingo pasado: “73 planes para habitar el centro”. El número me resulta curioso porque el 73 también tiene el poder de lo infinito y, obviamente, esa cifra es un pretexto, es apenas una apertura, una invitación para descubrir una historia dentro de la historia.
Recuerdo un poema de Borges sobre “Las mil y una noches” que termina así: “Dicen los árabes que nadie puede leer hasta el fin el Libro de las Noches. Las Noches son el Tiempo, el que no duerme. Sigue leyendo mientras muere el día y Shahrazad te contará tu historia”. El centro es igual, es una página que no deja de escribirse, que no termina de leerse; por eso cuando me despido de él, cuando cojo nuevamente el metro para regresar a casa, miro la iglesia de la Veracruz desde lo alto de la estación del Parque de Berrío y susurro: Centro de mi corazón, permíteme volver de buen agrado dentro de poco para seguir escuchando tus historias, esas que se meten en otras y en otras y me hacen creer que algún día desaparecerá el miedo de quienes te desconocen