Columnistas

Codicia y sostenibilidad

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13 de enero de 2017

Codicia y sostenibilidad son enemigas. Irreconciliables. Donde hay codicia no puede haber sostenibilidad, donde hay sostenibilidad no puede haber codicia. El gran desafío del siglo XXI, en que como nunca ha aparecido con tanto realismo y eficacia la afirmación de Jesús: “No pueden servir a dos señores, a Dios y al Dinero, “porque se entregarán a uno y despreciarán al otro” (Mt 6, 24).

Codicia es apetitito desordenado de poseer. El que posee cuenta con el afán de acaparar y retener. Cuanto más posee, más pasión por acaparar, y cuanto más acapara, más apetito por retener.

La sostenibilidad, palabra nueva en el diccionario, expresa el propósito de satisfacer las necesidades de las generaciones actuales teniendo en cuenta las futuras, armonizando el progreso económico con el cuidado del medio ambiente. La concentración de la riqueza avanza vertiginosa en el sigo XXI. La codicia indica que la sostenibilidad está cada vez más amenazada, pues su enemigo mortal impide su cultivo y reverencia.

El codicioso es feliz recogiendo, acaparando, reteniendo, cambiando sin cesar fraternidad por esclavitud. El ambiente de no pocos gobiernos, habilísimos en vestir de democracia el despotismo. El dios Dinero, generador de mentira, violencia y muerte, cuenta con un altar en cada corazón.

La autoestima constituye la sostenibilidad fundamental, único modo de comprometerme con los demás y con el cosmos. Cultivar mis sentimientos y mis talentos me capacita para la relación de amor con los demás y con el cosmos, cuyo fundamento es la relación de amor con el Creador.

Los místicos, como S. Teresa de Jesús, dan al desapego o desasimiento un valor primordial, el secreto de la sostenibilidad. “Mi alma está desasida / de toda cosa criada / y sobre sí levantada / y en una sabrosa vida / solo en su Dios arrimada”, canta S. Juan de la Cruz.

El hombre no tiene nada que esperar de las cosas. Las cosas lo esperan todo de él. Que las dignifique, las humanice y aun las divinice. Tarea que solo puede cumplir quien vive embriagado de divinidad. Y más sabiendo que la codicia es una idolatría (Col 3, 5). Mientras la codicia y no el bien común sea el fundamento de la política, la sostenibilidad será un fracaso.

Copiando La Carta de la Tierra, el papa Francisco escribe en ‘Laudato si’ (207): “Como nunca antes en la historia [...] que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad”.