Coherencia que perrea
En ‘La desordena’, J. Álvarez canta: “Le gusta que le hable mal y luego me enamora/ que le hale el pelo y se lo haga hardcore [...] full voy a seguir dándote toda la noche/ y voy a seguir azotándote el booty”.
La canción ‘Cosa buena’, de Tego Calderón, dice: “[...] echumbarte como un aguacero de mayo/ y dar tabla por ahí pa’ bajo hasta el desmayo/ galopéame (sic) como caballo [...]”.
Con ‘Te quitas o nos matamos’, en la voz de Don Omar, se baila: “Pégate a la costura de mi bragueta/ Y siente el marroneo, mi combo no respeta [...]”.
En el video ‘Hasta abajo’, con 55 millones 675 mil visitas, Yandel canta: “Le pasé el rastrillo por el pasillo/ Estoy que corto como cuchillo/ Medio coci’o, tranquilo yo la pillo [...]”.
Nadie esperaba que un reguetonero invitado a la Feria de las Flores luciera saco y corbata, pero tampoco que osara exhibir una camiseta con el letrero “El Cartel” en el pecho y “Escobar” en la espalda.
Es probable que esa suerte de performance de J. Álvarez haya sido una provocación deliberada para generar una reacción, como la que efectivamente suscitó a partir del llamado de atención del alcalde Federico Gutiérrez. Si acatamos la “versión oficial”, el atuendo obedeció a la desinformación del reguetonero puertorriqueño quien, a los 33 años, dizque no sabía quién fue Pablo Escobar (¡!).
¿Alguien esperaba algo distinto? No se trataba de Mario Vargas Llosa invitado a la Fiesta del Libro. J. Álvarez no vino a dictar cátedra sino ¡a cantar!.
¿Y qué canta? Ahora sí: concentrémonos...
Ojalá las letras de las canciones reguetoneras despertaran la mitad de la indignación que logró la tal camiseta de ‘Escobar’. Pero no, la violencia contra las mujeres está tan naturalizada e inmersa en la cultura –en especial en la música–, que pocos la perciben: hasta las mismas mujeres bailan al son de letras que invitan a insultarlas, violarlas, halarles el pelo, convertirlas en blanco de inimaginables formas de agresión.
¡Perrea, papi, perrea!
J. Álvarez se dio el lujo de dar dos espectáculos en Medellín: antes de subir al escenario y sobre el mismo. Nos escupió dos veces.
Después de un paseo antológico por lo más selecto de la lírica reguetonera, una camiseta en homenaje a Pablo Escobar parece una gota de agua en el océano.
“Todo entra por los ojos”, ahora más que nunca...
Al escuchar con atención algunas letras de reguetón, se evidencia la absoluta coherencia entre el mensaje de las canciones y el que transmite la camiseta de ‘El Cartel’ y ‘Escobar’ que llevaba puesta J. Álvarez.
No insinúo que las diversas formas del arte (nos gusten o no) deban portar un mensaje. Tampoco me interesa reflexionar sobre si el reguetón puede ser definido como arte. Con esta anécdota de Feria, resulta divertido evocar ‘La civilización del espectáculo’, de Mario Vargas Llosa, y las fotos recientes del novelista peruano en las portadas de las revistas del corazón...
Ya quisiera el cantante la erudición del Nobel. Y el escritor, la coherencia que perrea.