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Cómo duele ser mujer

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05 de mayo de 2016

Hace un tiempo, una amiga compartió conmigo algunos fragmentos de su diario, no sé si los más íntimos pero para mí, fueron muy dolorosos. Desde que los escuché, no los he podido olvidar. Uno de esos fragmentos hablaba de cuando ella era una niña de siete años y estaba saltando para tocar el timbre de su casa. En esas, un hombre en bicicleta se le acercó, sacó un cuchillo y la obligó a irse con él. Todo pasó en segundos, mientras su mamá caminaba hacia la puerta. El hombre quería llevarla a un rastrojo, afortunadamente en un descuido ella pudo escapar. Me acuerdo que en el diario mi amiga escribió: “Mi raptor no logró su objetivo, pero sí logró dañarme el recuerdo y la forma de mirar a los hombres”.

La segunda vez fue a los 14 años, cuando ella caminaba hacia su casa. De repente, un hombre la tomó del brazo y la metió a un lugar, le pegó y empezó a besarle el cuello. Ella no entendía qué pasaba, todo había sido tan rápido e inesperado. Ella le rogaba que la soltara, que no le hiciera nada, que la dejara ir; fue entonces cuando empezó a toser porque el peso del hombre la estaba ahogando. Ella no sabe si su voz lo conmovió o simplemente se asustó al notar la contundencia de la tos agravada por el llanto, pero el agresor se detuvo y le dijo que corriera. Así lo hizo, corrió como pudo empapada en llanto y sudor hasta llegar a casa. Se negó a dar detalles. Dijo no recordar la cara, la casa, nada. Mintió. Quería que esa sensación de impotencia se marchara cuanto antes, así no pudiera salvarse nunca del recuerdo.

Otra amiga me contó que cuando era pequeña, después de jugar con su amiguita, se quedó dormida en la cama de los papás. La despertó la mano del papá de su amiga que estaba tocándole sus genitales. Ella no sabía qué pasaba, no supo cómo reaccionar. No dijo nada, el hombre se detuvo al ver que había despertado. Otra amiga me contó que un hombre que trabajaba al frente de su casa, cada que la veía asomarse al balcón, le mostraba su pene y le insinuaba que fuera. Otra nunca pudo olvidar la vez que un taxista trató de violarla y otra y otra me han contado tantas historias, que me han hecho pensar que todas las mujeres en este país han sido abusadas.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida. Por espacio, no puedo hablar de mujeres que han sido golpeadas por sus parejas, pero digamos que el tema sigue abierto y volveré sobre él, porque seguramente en este instante, alguna mujer, alguna niñita está siendo víctima de algo que su memoria nunca podrá borrar, y no podemos permitir que esto siga pasando