CÓMO EVITAR LA GUERRA CIVIL EN VENEZUELA
Por DAVID SMILDE
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El 16 de julio, más de 7 millones de venezolanos votaron en un plebiscito que rechazó enfáticamente los planes del presidente Nicolás Maduro de convocar una Asamblea Constituyente para reescribir la Constitución. Fue una demostración notable para un evento electoral de bricolaje e incluyó amplia, aunque nerviosa, participación en los distritos de la clase obrera que alguna vez fueron fortalezas para el predecesor de Maduro, Hugo Chávez.
Desde el plebiscito, la oposición de Venezuela ha tomado serios pasos hacia el establecimiento de un gobierno paralelo. Pero si la oposición sigue por este camino, pronto estará buscando reconocimiento internacional y financiación, y al menos implícitamente estaría afirmando la pretensión del gobierno paralelo al monopolio legítimo del uso de la fuerza. Luego buscará lo que todo gobierno quiere: armas para defenderse. Si tiene éxito, Venezuela podría lanzarse en una guerra civil que hará que el conflicto actual parezca peleas de escuela.
Es difícil culpar a la oposición por considerar el camino del gobierno paralelo. Casi cuatro meses de protestas callejeras contra la dictadura de Maduro han resultado en 100 muertes. Esperanzas de que la Organización de Estados Americanos pudieran hacer cumplir su chárter democrático han sido derrotadas repetidamente. Y el gobierno de Maduro, con una tenacidad leninista que considera la lucha como la oportunidad de consolidar su proyecto, se niega a retirar sus planes.
La respuesta de la administración de Trump ha sido sugerir que tiene el propósito de añadir nombres a la lista de sanciones de los Estados Unidos y que está considerando sanciones económicas más amplias. Pero tales sanciones unilaterales casi con seguridad empeorará la situación ya terrible de Venezuela.
La funcionaria de alto nivel que ha roto con el gobierno de Maduro, la fiscal general Luisa Ortega, ha sido completamente neutralizada por un Tribunal Supremo cuyos miembros principales fueron agregados a la lista en mayo.
Una de las personas que aparentemente será añadida es el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López. Por mucho tiempo ha sido considerado un posible punto débil dentro del régimen y ha sido tratado con algo de sospecha por Maduro. Si Padrino es añadido a la lista, el presidente podrá contar con su lealtad hasta el final.
Castigar a la industria petrolera de Venezuela sería mucho peor. Impondría sufrimiento significativo sobre los ciudadanos de Venezuela, posiblemente causaría una crisis de refugiados. Maduro y su círculo interno seguirán comiendo bien y usando las sanciones de Estados Unidos para fortificar los tropos que usan para explicar su desastre de gobierno: los Estados Unidos y otros poderes imperiales se están involucrando en una guerra económica contra Venezuela.
Entonces, ¿qué puede hacerse? La discusión de la Organización de Estados Americanos ayudó a centrar la atención en Venezuela, pero ha seguido su curso. En este momento, cualquier propuesta que haga la OEA será rechazada simplemente por el gobierno de Maduro. Lo que debe suceder es mucho más sencillo que un voto de la OEA. Un grupo de entre cuatro y seis países latinoamericanos debe salir de una iniciativa.
No hay socios perfectos; todos los países relevantes son o demasiado cercanos al gobierno de Maduro o demasiado cercanos a la oposición.
Pero naciones como Uruguay, Ecuador, Colombia, Chile, República Dominicana y El Salvador podrían trabajar juntos para buscar un paquete que sea atractivo para ambas partes. Tal vez un país europeo con con una trayectoria reconocida para la mediación y la resolución de conflictos podría proporcionar algún aporte externo.
Las negociaciones deberían tener lugar por fuera de Venezuela, tal vez por medio de la diplomacia de lanzadera. Tienen que incluir un plan de salida para los líderes chavistas y garantías de que el apoyo aún considerable hacia el chavismo en Venezuela recibirá representación.
Estados Unidos tiene que permanecer en las márgenes. Países en la región tienen que coordinar y hablar con una sola voz, diciendo que no reconocerán como legítima una Asamblea Constituyente de Maduro, la Constitución que escribe ni el gobierno que crea. Eso hará difícil que Venezuela consiga financiación y dejará claro a los líderes del gobierno de Maduro que es mejor entrar en negociaciones.
Al final, este problema tiene que ser resuelto por los mismos venezolanos.