CÓMO HACER RESISTENCIA AL MANUAL DE PUTIN
Por Michael A. Mcfaul
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Hace un cuarto de siglo, al final de la Guerra Fría, parecía que solo las democracias promovían sus valores en el extranjero. Hoy, las autocracias han entrado de nuevo en el ámbito, exportando sus ideas y métodos, incluso a los Estados Unidos. En todas partes, los autócratas están haciendo resistencia contra los demócratas, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es el líder de facto de este movimiento global.
Desde su regreso al Kremlin en el 2012, Putin ha consolidado su dominio del poder en Rusia. Con vigor renovado, ha debilitado a la sociedad civil, menospreciado a los medios independientes, suprimido a cualquier oposición y espantado a grandes negocios de apoyar a críticos del gobierno. Y convirtió a los Estados Unidos y sus oficiales veteranos en elementos involuntarios de su maligna estrategia.
Mientras yo era embajador de los Estados Unidos en Rusia, Putin acusó a la administración del presidente Obama de buscar fomentar una revolución contra él, como supuestamente lo habíamos hecho en Túnez, Egipto, Libia y Siria durante la Primavera Árabe. Los medios rusos controlados por el Estado personificaron a los manifestantes rusos como traidores, marionetas de los Estados Unidos, que recibían dinero y órdenes de Washington. Putin se ofendió especialmente con Hillary Clinton, en ese entonces secretaria de Estado, diciendo que su crítica contra la imparcialidad de las elecciones parlamentarias del 2011 en Rusia fue una “señal” para los manifestantes rusos.
Medios alineados con el Kremlin, como la estación de televisión RT, le han hecho campaña a sus políticas internacionalmente, a la vez que retan la legitimidad de líderes democráticos, incluyendo a nuestro propio presidente. Alrededor del mundo, pero especialmente en Europa, el gobierno ruso apoya con medios tanto retóricos como financieros a los partidos políticos y organizaciones con agendas nacionalistas e intolerantes. Su anexión de Crimea y su intervención en Ucrania oriental en apoyo a los separatistas, así como la invasión de Georgia en el 2008, fueron esfuerzos violentos por desestabilizar a las nuevas democracias.
Al igual que medidas públicas, Putin ha desencadenado métodos cibernéticos de subversión. La semana pasada Wikileaks reveló correos electrónicos robados del Comité Nacional Democrático. Esta acción por parte de un agente extranjero llevó a la renuncia de la presidenta del Comité Nacional Democrático, y creó nuevos retos electorales para la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton. Agencias de inteligencia de los Estados Unidos tienen “alta confianza” en que el gobierno ruso robó los datos, y es probable que también hackearon los sistemas de computadores de la campaña Clinton. Aunque no podemos saber con certeza si sus agentes pasaron los datos directamente a WikiLeaks, la evidencia circunstancial señala de manera abrumadora a Rusia. ¿Quién más?
Putin podrá ser el más atrevido pero no está solo en el creciente movimiento. El éxito económico de China reta al atractivo de la democracia. Teócratas iraníes mantienen su poder en casa y defienden a autócratas como el presidente de Siria, Bashar Assad. En otros lugares del Medio Oriente, fortachones como el presidente de Egipto, Abdel-Fattah el-Sissi van en ascenso, forzando a sus ciudadanos y aliados extranjeros para que acepten sus represiones como supuesta protección contra los extremistas islamistas. Arabia Saudita intervino en Bahrein para aplastar un movimiento democrático allá en el 2011.
Contrariamente, el crecimiento de la democracia alrededor del mundo sirve a los intereses de los Estados Unidos. Las democracias no nos amenazan, las autocracias sí lo hacen. Aliados democráticos también votan con nosotros en las Naciones Unidas, van a la guerra con nosotros, apoyan tratados y normas internacionales y están de lado nuestro contra la tiranía.
Debemos pensar en el avance de ideas democráticas en el extranjero, principalmente como un proyecto educativo, casi nunca como una campaña militar. Universidades, libros y sitios web son las mejores herramientas, no la 82 División Aerotransportada. Los Estados Unidos pueden expandir los recursos para aprender sobre la democracia. El mundo aún mira a su democracia más antigua, los Estados Unidos, para liderar. Si no nosotros, ¿entonces quién?.