¿Cómo me cancela?
En Colombia, cuando se está haciendo un pago al por menor, la respuesta a la pregunta del título es: en efectivo. A esa conclusión se llega en un estudio basado en una encuesta presentado en el n.° 224 de los Reportes del Emisor (“Panorama de los pagos al por menor en Colombia” 2018). En efecto, para las miles y miles de operaciones habituales que se llevan a cabo en el mercado de bienes y servicios, el instrumento de pago preferido por los colombianos es el efectivo (90 %), seguido por la tarjeta débito (7 %), la tarjeta de crédito (2 %) y la transferencia electrónica (1 %).
Existen varias razones para la preferencia por el efectivo. Al respecto, es muy explícita la respuesta del público: el uso de este medio de pago es fácil y rápido, se pueden reutilizar los billetes y monedas de manera inmediata, y es menos costoso. Una causa estructural es la reducida bancarización (5 de cada 10 colombianos tiene un producto financiero formal), una característica que está relacionada con el desarrollo de la economía colombiana. La evidencia internacional muestra que, en efecto, un mayor desarrollo económico está relacionado con una mayor bancarización. En esas condiciones, en que una parte de la población no cuenta con servicios financieros, el efectivo es el único instrumento de pago que está disponible para todos.
Se han hecho muchos esfuerzos para facilitar la inclusión financiera con todas las ventajas que esto trae, incluido el menor uso de efectivo. Hoy en día se tienen cuentas de ahorro electrónicas, cuentas dirigidas a la población de bajos ingresos, cuentas de ahorro de trámite simplificado y, recientemente, el depósito electrónico.
Sin embargo, hay una peculiaridad en la economía colombiana que debe tenerse en cuenta para una explicación del gran apetito por el efectivo que muestran los datos y que no solamente se da en los pagos al por menor. Es muy probable que algunos compatriotas quieran evitar su presencia en el sistema financiero. Una razón muy importante para ello es evitar la trazabilidad, una de las ventajas que precisamente se le atribuye a la bancarización. Los motivos para ese comportamiento pueden ser varios. Uno que salta a la vista es la evasión de impuestos. Otros motivos están ligados a la presencia de actividades prohibidas como la minería ilegal o el narcotráfico, que también se benefician del anonimato que brinda el efectivo.
Es cierto que se podría engañar a la Dian y emprender actividades criminales sin utilizar el efectivo. El problema es que se aumentarían los costos de transacción y/o de detección si, por ejemplo, quienes están en esas actividades deciden acumular oro o hacer transferencias bancarias. Por cierto, existe hoy en día otro instrumento de pago que comparte el atributo del anonimato: las criptomonedas. Estas pueden ser reguladas, creando un obstáculo para utilizarlas, pero también su valor puede fluctuar de forma que disuada a sus eventuales compradores, algo que en una economía con una inflación moderada no le sucede al efectivo.