Cómo tener siempre la razón
Por Pamela Viera Bahoque
Universidad Pontificia Bolivariana
Facultad de Com. Social, 9° semestre pamela.viera@upb.edu.co
Primero, frunza el ceño e ignore el silencio. Es necesario hablar, con un gesto molesto, hablar y hablar. Debe estar seguro de desactivar sus oídos, recuerde que lo que dice el otro no tiene importancia, no es inteligente y, sobre todo, no es la razón.
Tampoco es necesario escuchar lo que usted mismo dice, ya lo recordará en algún momento (si acaso es necesario). Su palabra tiene el poder, así que tenga cuidado con dejar a alguna persona sana y salva en su camino, es importante eliminar egos que alimenten el suyo.
Huya de los argumentos y del mundo real. Envuelva su cerebro en arrogancia, esto nunca puede faltar; por ningún motivo debe ponerlo a funcionar, sólo deje que su lengua actúe. Si hablar no funciona, alce la voz. Suba los decibeles hasta el punto que su ignorancia lo permita, ojalá demasiado. No debe olvidar que entre más alto sea su tono de voz, la razón estará más cerca de usted.
Apriétela en sus manos, con fuerza, no importa si se desfigura un poco, es suya. Así, esté como esté, deberá embutirla en otras personas. Haga especial énfasis en el hecho de embutir, debe presionar, empujar ahí donde haya algo de inteligencia y sensatez. Usted debe reemplazar eso con su razón para que finalmente el mundo tenga sentido.
Tenga en cuenta que cada día deberá pelear por ella, porque es suya, es su verdad y debe tenerla siempre. Esto implicará mentiras, de esas venenosas; no se preocupe, es una forma de lucha, un medio que justificará su fin. Y si alguien llega a no aceptarlo, puede decir que sólo ocultó la verdad, y esto no es lo mismo que mentir. Un viejo truco.
La razón a veces es inquieta. Cuando sienta que alguien diferente a usted la tiene, actúe. Saque su instinto animal. Golpee, muerda, agite y despedace la dignidad del otro. Eso finalmente es un invento, y ni qué hablar de la diversidad.
Ignore a aquellos que dicen que nadie tiene la razón absoluta, que cada persona tiene criterio propio y que la palabra del otro es tan respetable como la suya. Sí, existe el criterio y el respeto, pero no son necesarios para tener siempre la razón.
Hacer caso omiso de alguno de estos detalles puede llevarlo a la irremediable situación de conocer otras ideas que no son las suyas.
Una vez con la razón en sus manos, prepárese para perderla.
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