CÓMO TRUMP AYUDA A PUTIN
Por SUSAN E. RICE
redaccion@elcolombiano.com.co
Tradicionalmente, el presidente saliente le escribe una carta personal a su sucesor, ofreciéndole sabiduría y mejores deseos. El presidente Barack Obama dejó dicha carta al presidente Donald Trump, como lo hizo el presidente George Bush ocho años antes.
Imagine si Vladimir Putin, el presidente ruso, también hubiera escrito una carta a Trump ¿Qué consejo le habría ofrecido Putin a su contraparte estadounidense, el hombre a quien Putin trató de ayudar a elegir, según la comunidad de inteligencia estadounidense?
Los objetivos de Putin son claros: restaurar a Rusia a la grandeza global a expensas de los Estados Unidos y dividir a Europa debilitando a la OTAN y la Unión Europea. El líder ruso sabe que el poder global de Estados Unidos depende no sólo de nuestro poder militar y económico, sino también de nuestra inigualable red de alianzas desde Europa hasta Asia. En consecuencia, Putin busca crear brechas entre los Estados Unidos y sus socios más cercanos, para tensar y finalmente romper sus alianzas.
Si Putin estuviera al mando, se aseguraría de que la fiabilidad de Estados Unidos se pusiera en duda, que se rompan sus compromisos, se rebajen sus valores y se empañe su imagen. Aconsejaría al nuevo presidente tomar una serie de medidas para avanzar en esos objetivos:
Primero, retírese de la Asociación Transpacífica, el acuerdo comercial que Estados Unidos negoció para reforzar su posición económica y estratégica en el Pacífico, a expensas de China (y Rusia). Luego, abandone el acuerdo climático de París, convirtiéndose en el único país del mundo ausente de este acuerdo histórico.
En segundo lugar, critique a la OTAN y arroje dudas sobre la voluntad de Estados Unidos de defender a sus aliados con el argumento de que no han pagado sus cuentas (cuando no es así como funciona la OTAN). Al mismo tiempo, corroa la Unión Europea al elogiar al Brexit; enviar a Stephen Bannon para avivar los movimientos antisistema europeos; y socavar al país más poderoso de Europa.
Tercero, para el golpe de gracia: inicie una guerra comercial con nuestros aliados más cercanos. Imponga aranceles de acero y aluminio a Canadá, México y la Unión Europea con la amenaza de que seguirán las tarifas automotrices, de modo que, según economistas acreditados, tanto los Estados Unidos como las economías de sus aliados sufrirán. Justifique las sanciones sobre la absurda base de que los aliados amenazan la seguridad nacional de los Estados Unidos. Hágalo después de retirarse del acuerdo nuclear de Irán. Luego amenace con sanciones a las empresas europeas por cumplir con el acuerdo, que ha funcionado según lo previsto.
Incrédulo porque Estados Unidos trataría a Europa con tal desdén, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo de Estados Unidos: “con amigos como ese quién necesita enemigos”.
Finalmente, para completar, Putin podría alentar al presidente a garantizar que los países grandes y pequeños denigren al liderazgo de Estados Unidos. Con la suma de estas acciones, el presidente Trump ha enfurecido a nuestros aliados más cercanos y ofendido a casi todos los miembros de la comunidad internacional, excepto Israel, Arabia saudita, los Estados Emiratos Arabes y Rusia. Mientras tanto, Rusia está en ascenso en Medio Oriente. La Unión Europea está tambaleándose, con Italia, Eslovenia, Austria y Hungría ahora liderados por nacionalistas populistas que abrazan a Putin y desean poner fin a las sanciones contra Rusia por su invasión de Ucrania. La unidad de la OTAN está igualmente tensa, lo que provoca preocupación sobre su voluntad colectiva de contrarrestar cualquier nueva agresión rusa.
Todo bien para Putin y nadie más. Estados Unidos está solo, debilitado y desconfiado. No hay evidencia de que Putin esté dictando política americana. Pero es difícil imaginar cómo podría hacerlo mejor, aunque lo estuviera haciendo.