CÓMO TRUMP PUEDE SOLUCIONAR SU ROMPECABEZAS CHINO
Por GIDEON RACHMAN
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Ser duro con China es una parte central del plan del presidente Donald Trump de “hacer grande a América de nuevo”. Durante la campaña electoral, afirmó que China estaba “violando” a la industria estadounidense. Desde la elección, él y sus asesores han denunciado las políticas chinas sobre el comercio, Corea del Norte y el Mar de China Meridional.
Estos hechos por sí solos harían que la reunión de Trump con el presidente de China, Xi Jinping, sea muy difícil. No es que la confrontación con China se debe temer por sí misma. El verdadero peligro es que las políticas de Trump en China probablemente sean contraproducentes, dañando la prosperidad de Estados Unidos y poniendo en peligro su seguridad, a la vez que aceleran el ascenso de China.
El manejo errático de Trump para los asuntos de seguridad asusta a los aliados americanos, haciendo que sea menos probable que sean fieles a los Estados Unidos si enfrenta a China por causa de Corea del Norte o el Mar de China Meridional. Al mismo tiempo el proteccionismo del presidente, demostrado por su decisión de retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, reducirá el papel económico americano en Asia. Como resultado, los socios tradicionales de Estados Unidos en la región se verán cada vez más tentados a mirar hacia Beijing, en lugar de Washington, para una guía.
China ahora es el mayor fabricante del mundo, el exportador más grande y el mercado más grande para vehículos, teléfonos inteligentes y petróleo. En 2014, el FMI anunció que China se había convertido en la economía principal del mundo, medido por el poder adquisitivo. Para ese entonces, China también se había convertido en el principal mercado exportador para 43 países en el mundo; Estados Unidos era el mercado más grande para solo 32 países. Y este año, Alemania anunció que China es su socio comercial más grande.
Este cambio de poder económico, un proceso que llamo “orientalización”, ha aumentado la influencia geopolítica de China. Todos los socios más importantes de América en la región de Asia-Pacífico, incluyendo Japón, Australia y Corea del Sur, todavía miran hacia Estados Unidos en busca de protección. Pero sus relaciones económicas más importantes ahora son con China. Eso le da a Pekín una ventaja que el gobierno de Xi está cada vez más preparado para usar.
Algunos aliados tradicionales americanos muestran señales de deserción. Durante una visita a Pekín el año pasado, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, anunció una “separación” de Estados Unidos y una nueva relación con China. Oficiales filipinos citan préstamos chinos, inversión en infraestructura e importaciones de frutas para explicar por qué su país ha ajustado sus críticas contra las demandas marítimas de Beijing en el Mar de China Meridional. Y como dijo el ministro de defensa esta semana, “cualquier producto que fabricamos, ellos lo comprarán”.
China también está más preparada para utilizar amenazas económicas y diplomáticas contra aliados americanos. Para presionar a Seúl para que no coopere con la utilización de una armadura americana antimisil, Beijing recientemente canceló contratos con compañías surcoreanas.
Enfrentado con una situación delicada en Asia, Estados Unidos tiene que adoptar políticas inteligentes que tranquilizan a sus socios. Desafortunadamente, Trump ha hecho precisamente lo contrario: lanzando revisiones de “abusos comerciales” a países que tienen grandes excedentes de importación con Estados Unidos y amenazando con medidas de represalia. Esa movida es una amenaza no solo para China sino también para aliados vitales como Corea del Sur y Japón.
A medida que aumentan las tensiones, naciones en la región tienen que sentirse capaces de confiar en el juicio de Trump y su palabra. Hasta ahora, les ha dado poca razón para hacerlo. Cualquier sugerencia ahora de una guerra comercial con China, o peor aún, una guerra violenta, horrorizaría a la mayoría de Asia. También lo haría cualquier indicio de un gran negocio con Beijing que involucre cambiar los intereses de los aliados americanos por concesiones comerciales por parte de China para los Estados Unidos.
En su reunión con Xi esta semana, Trump tiene que enviar un mensaje cuidadosamente equilibrado, que no es fácil para un presidente que no conoce los matices, que dice que a los aliados asiáticos de Estados Unidos que el país estará a su lado, y que lo defenderá contra China sin tomar pasos irresponsables. Si el presidente no ofrece tal consuelo, la posición de Estados Unidos en Asia seguirá en deterioro.