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CÓMO TWITTER ASESINÓ LA PRIMERA ENMIENDA

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06 de noviembre de 2017

Por TIM WU
redaccion@elcolombiano.com.co

No es necesario ser un historiador de medios para darse cuenta de que vivimos en la edad de oro del acoso de medios, la propaganda doméstica y efectos coercitivos para controlar el debate político. La Casa Blanca de Trump de manera repetida intenta desacreditar a la prensa, amenaza con arrebatar las licencias de los periodistas y hace llamados para el despido de periodistas y jugadores de fútbol por decir lo que piensan. Un gobierno extranjero trata de hackear nuestras elecciones, y periodistas y oradores públicos regularmente son atacados por ejércitos despiadados de trolls en la red cuya meta es silenciar a oponentes.

En esta era de censura “nueva” y franca manipulación del discurso político, ¿dónde está la Primera Enmienda? A los americanos les gusta considerarla la gran protectora de la prensa y el debate público. Sin embargo parece haberse convertido en un jugador insignificante. Es hora de preguntar: ¿la Primera Enmienda está obsoleta? Si es el caso, ¿qué puede hacerse?

Estas preguntas surgen porque la jurisprudencia de la Primera Enmienda fue escrita para un grupo diferente de problemas en un mundo muy diferente. La Primera Enmienda fue ignorada por gran parte de la historia americana, tomando vida apenas en los años 20. Las cortes y los libertarios civiles usaron la enmienda para proteger a oradores de la persecución del gobierno y la censura como era practicada en el siglo XX.

Pero en el siglo XXI, la censura funciona de otra manera, como lo ha ilustrado el escritor y académico Zeynep Tufekci. La supresión completa del discurso disidente no es factible en nuestra era de “discurso barato”. En cambio los censuradores más sofisticados del mundo, incluyendo a Rusia y China, han pasado una década siendo pioneros de herramientas y técnicas que se ajustan más a la era de internet.

El gobierno ruso estuvo entre los primeros en reconocer que el discurso mismo podía ser utilizado como una herramienta de supresión y control. Los agentes de su “brigada de la red”, llamada el “ejército de trolls”, diseminan noticias progubernamentales, generan historias falsas y coordinan ataques de enjambre contra los críticos del gobierno. El gobierno chino ha perfeccionado la “censura inversa”, mediante la cual el discurso desfavorable se ahoga por “inundaciones” de distracción o por un sentimiento progubernamental. Como escribe el periodista Peter Pomerantsev, estas técnicas emplean información “en términos armados, como una herramienta para confundir, chantajear, desmoralizar, subvertir y paralizar”.

Nuestro angustioso estado de discurso público se deriva del uso generalizado de estas nuevas herramientas de censura y control del discurso, incluso por parte de la Casa Blanca.

Es vital revitalizar la Primera Enmienda. Primero, es imperativo que las fuerzas del orden y los legisladores hagan más para proteger a los periodistas y otros oradores públicos del hostigamiento y las amenazas. El acoso cibernético es un crimen. Y como la Corte Suprema ha dejado en claro, las amenazas de violencia no son palabras protegidas. Un país en el que decir lo que uno piensa siempre resulta en amenazas de muerte no es un país que se pueda decir que sea verdaderamente libre.

Segundo, se está haciendo demasiado poco para proteger a la política americana del ataque extranjero. Los esfuerzos rusos para usar Facebook, YouTube y otros medios sociales para influenciar la política americana debería obligar al Congreso a actuar.

Finalmente, la Casa Blanca tiene que hacerse responsable cuando trata de usar partidos privados para eludir las protecciones de la Primera Enmienda.

Hemos entrado en un lugar mucho más peligroso para la república; su defensa requiere protecciones más fuertes para lo que una vez llamamos la esfera pública.