Comparaciones
Quiero hacer algunas comparaciones de distintas posiciones en diferentes épocas:
Cuando era candidato a la primera alcaldía de Medellín por elección popular, en marzo de 1987, un periodista de El Tiempo de Bogotá reunió a los distintos candidatos para hacernos varias preguntas y responder por turnos cada una de ellas. Una de las preguntas fue: ¿usted negociaría con Pablo Escobar? Quien me precedió en la respuesta contestó con vehemencia: “De ninguna manera negociaría con ese bandido narcotraficante”. Me hicieron la misma pregunta y respondí: “Yo no negociaría, pero sí dialogaría para saber qué es lo que pretenden, que es distinto”. El diario capitalino no publicó la respuesta de mi antecesor pero sí la mía. Luego, El Tiempo y El Espectador tergiversaron lo que yo había dicho y me hicieron una campaña infame. Decían que yo quería negociar con Pablo Escobar, que yo era amigo de los narcotraficantes, que tenía relaciones con ellos. Hasta el punto de que El Espectador sacó mi cara en una caricatura con el título de “El Alcaloide de Medellín”. Todas esas infamias las tuve que sufrir durante dos largos años de administración y varios años más.
Lo anterior para mostrar cómo cambian las cosas y, sobre todo, cómo se acomodan a las distintas circunstancias de la vida nacional.
Ahora los malos para esa prensa somos quienes nos oponemos a la entrega de la Patria a los terroristas, narcotraficantes, secuestradores, violadores de niñas, sembradores de minas antipersonal y muchas cosas más. Negocian con quienes superan por mucho a Pablo Escobar como narcotraficantes. Este último, en el negocio de la droga, sería un pobre ventero ambulante al lado de los mayores traficantes del mundo. Quienes criticaban la propuesta de diálogo, ahora les quieren entregar el país con el beneplácito y apoyo rabioso de quienes antes se rasgaban las vestiduras con la sola mención de un diálogo.
Es que quienes apoyan las negociaciones y la entrega, aceptan lo que se haga en favor de los subversivos. Como ejemplo, apoyan el debilitamiento de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas. A pesar de que el ministro Davivienda, que está en el lugar equivocado, dice que las están fortaleciendo, les bajan el presupuesto para el 2017 y ya empiezan a sacar oficiales de alto rango. En lugar de modernizar los equipos de la Fuerza Aérea, están repotenciando los viejos y obsoletos aviones de combate. Hasta razón tendrán, ya que les quitaron la posibilidad de atacar a los subversivos desde el aire y la eficiente aspersión contra los cultivos de coca. A propósito, los laboratorios de droga como que son los más tecnificados del mundo, destruyeron varios y no encontraron operarios para detenerlos, eso como que trabaja solo.
Cuando Juanpa (como le gusta que le digamos) era ministro de Defensa no permitió que aviones norteamericanos estuvieran en nuestras bases aéreas para combatir el narcotráfico, ahora va a traer soldados cubanos para controlar a sus amigos, terroristas y narcotraficantes.
Nos tenemos que unir los colombianos que no queremos la entrega a la subversión promovida por Santos y su política en el manejo de la economía, de la salud, de las relaciones internacionales y tantos desastres que estamos viviendo. Nos tenemos que unir para votar en el plebiscito y votar por un no rotundo.