CON AMOR, DESDE EL OFICIO MÁS BELLO DEL MUNDO
Hace más de un mes murió en Estados Unidos el periodista Paul Horner. Tenía 38 años. Dicen que alcanzó la fama por diseminar noticias falsas durante la campaña electoral de su país en 2016. Antes de morir, él pregonaba que el presidente Donald Trump había llegado a la Casa Blanca gracias a su ayuda.
Según los periódicos, Horner fue encontrado muerto mientras dormía en la casa de su madre, por una sobredosis de medicamentos. Horner dedicó los dos últimos años de su vida a publicar artículos falsos en Facebook que él mismo escribió para apoyar la candidatura de Trump.
Entre esas noticias están la afirmación de que Barack Obama es homosexual y musulmán radical. Cuando lo acusaban de mentir, Horner defendía su trabajo diciendo que lo que escribía eran “sátiras políticas”. “Hay mucho humor y comedia en ello”, le dijo a CNN. “Lo hago para intentar educar a la gente... Mis sitios fueron buscados por los seguidores de Trump todo el tiempo... Ellos no verifican nada. Lo creen todo y todo lo reproducen en Facebook”.
Cuando le preguntaron si había escrito esas noticias para confundir a los partidarios de Hillary Clinton y ayudar a Trump, contestó: “No. Yo odio a Donald Trump”.
Nadie sabe cuántos millones de dólares le pagaron por ese trabajo sucio. Sin embargo, sirvió de ejemplo a otros periodistas como Alex Jones. Él publicó en Facebook una noticia que decía: “No sabemos lo que está pasando, pero Hillary Clinton huele a cerdo muerto”. Jones afirmó que su noticia estaba basada en fuentes del FBI y en altos funcionarios del Pentágono. También dijo que Dolly Kyle, una examante del expresidente Bill Clinton, confirmó esas versiones: todos hablaban del olor putrefacto que ella desprendía, sobre todo en la intimidad del lecho. “Ella olía como demonio, y Obama apestaba en grande”, escribió Jones en su página de Facebook. Por esa razón, algunos periodistas dijeron que él estaba loco.
Yo pienso distinto. Lo digo porque esta semana leí una noticia que decía: “Hillary Clinton es el diablo”. Solté una carcajada. Unas horas más tarde, la carcajada se convirtió en un espasmo cuando leí un mensaje publicado en Twitter por el presidente Trump, cuando todavía era candidato. El mensaje decía textualmente: “Hillary Clinton es el diablo”.
Entonces comprendí el origen de esta cadena de mentiras que llevó a la presidencia a Trump, con ayuda de los servicios de inteligencia rusos, tal como lo confirmó esta semana el fiscal Robert Mueller, quien está investigando los hechos ocurridos en esta sucia campaña electoral.
Al día siguiente, me puse a buscar un artículo que escribí hace unos meses para este periódico.
Este decía: “A los estadounidenses les encantan nuestras historias y nosotros hacemos dinero con ellas. ¿A quién le importa si son verdaderas o falsas?”. Eran las palabras de un adolescente de un pueblo de Macedonia, uno de los países de la antigua Yugoeslavia, describiendo su trabajo para la campaña electoral de Trump.
Entre las muchas historias falsas que difundieron están la de que Hillary Clinton vendió armas al Estado Islámico; que ella y el director de su campaña dirigían una secta satánica que asesinaba niños; que el papa Francisco apoyaba la candidatura de Donald Trump; que Barack Obama nació en Kenia y falsificó sus documentos de identidad para posesionarse como presidente.
Después de la campaña, en ese pueblo hubo una fiebre de “oro digital”. Sus calles se llenaron de autos nuevos y de bares repletos de jóvenes vestidos con ropa de grandes marcas y tomando cocteles sofisticados.
Uno de los adolescentes dijo que trabajó en esa farsa durante solo un mes y ganó cerca de 1.900 dólares. El salario mínimo de un obrero de Macedonia es de 380 dólares.