Columnistas

Con etiqueta asiática

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02 de noviembre de 2016

El mundo occidental no ha recibido con comodidad la masiva invasión china de productos de confección de baja calidad. Es tal el malestar que se ha creado a nivel de los comercios de detal en esta parte del planeta, por los constantes reclamos de los consumidores ante las deficiencias de muchos de los productos con etiqueta asiática, que ya se ha tornado común la excusa: “qué quieres, es un producto chino”.

Chino ha sido sinónimo de barato pero igualmente es sinónimo de malo y de desechable, una falsedad que castiga seriamente los esfuerzos productivos de las industrias del gigante, y que entorpece la denodada batalla que protagoniza el gobierno de Beijing por añadir calidad a la masividad en la producción.

Esta injusta estigmatizacion partió del hecho cierto que las industrias chinas del área de confección y moda, en los ultimos 20 años, se convirtieron en excelentes copistas de marcas de reconocido prestigio en Occidente, lo que a su vez fue la consecuencia de un particular apego de los nuevos ricos de ese país -segmento que venía creciendo exponencialmente- por los productos de las grandes casas de moda de París, Londres y New York.

Las clases sociales emergentes, en un país cuya economía se expandía a gran velocidad, comerzaron a imitar a quellos compatriotas cuya holgura económica les permitía ofrecerse los lujos de los ricos de otras latitudes. Esto apuntaló la fabricación masiva de imitaciones de muchísimos productos y la inundación planetaria de mercancía copiada pero de mucho menor calidad.

Nada de lo anterior los ha dejado indiferentes, en la medida en que el “made in China” se pervertía en la mente del consumidor. El empeño de un conjunto de fabricantes por mantener una visión internacionalmente correcta sobre las capacidades innovadoras de ese país ha tenido lugar en la ultima década. Ya para este momento se han desarrollado marcas autóctonas capaces de competir en penetración – al menos en China, por ahora- con las grandes casas como Cartier y Vuitton y de marcas de amplio mercado como Adidas. El año pasado, un estudio elaborado por una seria empresa de mercadeo demostró que 44 % de los consumidores chinos se inclinarían a probar una nueva marca de artículos de lujo dentro de los próximos 3 años. Los diseñadores locales han reaccionado con entusiamo, luego de comprobar que la demanda con sello y estilo chino ha respondido favorablemente. Mejor aún, los diseñadores de moda de los grandes costureros del mundo también han estado introduciendo toques de chino en sus productos para los exigentes clientes de ese estrato, habiendo obtenido muy buena acogida por un público marcado como el parisino. De allí a que elementos de “look” chino se popularizaran solo ha habido un paso y ello perdurará en la medida en que el mercadeo se oriente en ese sentido.

Es así como la evolución de este sector de confección impactará a la industria de artículos de consumo final y ayudará a rescatar el concepto de calidad que se ha perdido con los bajos precios asociados a la masividad.

En adelante, China tenderá a exportar mejor calidad aunque sus precios tengan que adecuarse hacia el alza. El mercado de occidente los recibirá con beneplácito si es preciso pagar algo más por un producto perdurable en el tiempo y mejor en cuanto a “look” y a calidad.