Columnistas

CONCURSOS POR LA VIDA

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12 de diciembre de 2014

Por
Diana Carolina Gutiérrez M.
Universidad Pontificia Bolivariana
Historia, quinto semestre.
carolinadianana@hotmail.com

En el marco de concursos literarios como el de la Biblioteca EPM, Escribir tiene su ciencia; la Cámara de Comercio de Medellín con el de novela y cuento, o el Concurso Nacional de Cuento RCN y Mineducación, pienso en lo importante de la lectura y a veces -dentro de las mismas familias- en los pocos incentivos conferidos a oportunidades tales como la escritura y la participación de la juventud.

En la sociedad del vértigo y lo pasajero, los concursos -más que por la literatura- son una apuesta por la vida misma, la apuesta más humana: contar los mundos posibles de la cotidianidad desde la experiencia propia. ¿Qué hay más introspectivo, más íntimo y exorcizante que un taller de libre escritura, de lecturas compartidas? Leer, como escribir, es conocerse a sí mismo y a los otros un poco más.

Escribir un buen cuento ciertamente exige trabajo y entrega, pero el reto, la revolución ante la fugacidad debe ser precisamente insistir, escribir, pensarse y no cansarse ¿Cómo ser mejores sin esfuerzo?

A mucha gente le da pereza pensar y le cuesta sentarse un rato solo a intentar escribir dos frases buenas sin observar su celular cada minuto, pensando que ha llegado una notificación, actitudes propias de la globalización, donde todo es tan fácil y al alcance; es así como la literatura -aunque divertimiento y placer- deber ser un arma para el cambio social y la memoria histórica. ¿Por qué en las escuelas no enseñan a cuestionar la historia o criticar los próceres, a la iglesia? ¿Por qué no escribir un poema a la vida, a la naturaleza, al amor?

Sé que las humanidades y el arte se abren paso cada vez más en un mundo donde la apariencia academicista ortodoxa ha primado, y estos concursos de alguna manera legitiman ese camino que se fragua, son una ventanita a otro mundo. Literatura debe significar el arte de las mil voces, y eso es lo más bello, que sea como el hombre inacabado: la eterna posibilidad de ser.

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