CORAZÓN DE MAMÁ
“Ni carne de mi carne, ni sangre de mi sangre, pero milagrosamente mío. Porque en mi vientre no creciste, pero dentro de mi corazón sí estuviste”.
Esta frase, copiada de la página de una asociación de padres adoptivos, ante quienes me quito el sombrero y les hago reverencias de admiración, me sirve de punto de partida para celebrar también hoy, Día de la Madre, a quienes, sin que nadie las llame mamá, han dado afecto a manos llenas y han sido apoyo sus padres, sus hermanos, sus sobrinos, parientes lejanos y hasta extraños, solo por amor y nada más.
Esas mamás de oficio también cumplen el papel de acompañantes y cuidadores de sus padres ancianos. Un caso paradójico en el que se convierten en mamá de su mamá, de su papá o de un hermano enfermo que necesita su asistencia, con lo que, además, llenan un vacío que otros miembros de la familia no quieren o no pueden llenar. Pocas veces se dan cuenta, ellas y el resto de la familia, de lo trascendental de esta misión.
Tengo en mi registro los nombres propios de algunas mujeres que han ejercido, con lujo de competencia, el rol de madres no biológicas, asumido desde la grandeza de sus almas y a veces sin darse cuenta. Suelen ser paño de lágrimas de las sobrinas tristes, polo a tierra de quienes aún no encuentran su lugar en el mundo, columna vertebral de un clan familiar que no da pie ni pisada sin contar con su opinión, cajero electrónico con fondos ilimitados para solucionar chicharroncitos de dos patas o graves dificultades económicas de quienes giran a su alrededor.
Tienen la voz firme para corregir deslices y la claridad necesaria para establecer prioridades. Enseñan a pescar, pero en caso de emergencia, no tienen inconveniente en entregar el pescado. Diseñan cuadros en Excel para desorganizados financieros, regalan abrazos cargados de mimos y, a punta de amor, paciencia y palabras asertivas, son capaces de enderezar caminos y recuperar causas perdidas. Un ángel de la guarda de cuyas alas invisibles salen soluciones para todos como por arte de magia.
No son mamás pero, así como ellas, tienen horario extendido, siempre están disponibles y suelen irradiar tal energía que uno siente que, si están cerca, el mundo funcionará sin contratiempos, o podrá arreglarlos en un dos por tres.
Llámese Pía, Alicia, Esther Oliva o Inés Elvira, mis modelos más cercanos, estoy segura de que todos conocemos algunas mujeres que, sin haber parido, son mamás de corazón, con corazón de mamá.
Hoy celebro su existencia, porque en estos tiempos pendencieros, difíciles y de tantos raspones en el alma, es un regalo de la vida contar con su sonrisa, su voz calmada y usualmente sabia, su don de gentes, su generosidad y su capacidad de estar ahí para todos, sin condiciones ni restricciones.
“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Más que una frase, es una verdad que no todos somos capaces de poner en práctica, pero ellas sí que lo hacen bien. Por eso, y por los beneficios enormes que recibimos quienes las tenemos cerca, hoy las incluyo, con reconocimiento y gratitud, en mi felicitación por el Día de las Madres. ¡A su salud!
P. d. Alguien, refiriéndose a una de ellas, dijo que deberíamos clonarla. Comparto y agrego: A todas.