Coronados por irresponsables
Es comprensible que el señor del puesto de dulces de la esquina no dimensione aún la peligrosidad del Covid-19. O el conductor de algún automotor de servicio público. El administrador de empresas que no ve ni lee noticias. Que algún músico se burle de los estragos y que haya sorna entre el pueblo, por tanto barullo.
Pero sí sorprendía que tantos profesionales de la salud estuviesen menospreciando los alcances de un virus elevado a la categoría de pandemia. Capaces fueron algunos de decir que la enfermedad solo existía en las redes sociales, único imaginario en el que se había viralizado.
Sorprendió también leer a calificados columnistas haciendo bromas como si se tratase de una amenaza apenas existente en los rumores. Un fantasma inventado por difuminadores de pánico virtual.
Pero ahora que la escala y la penetración de la infección se constata viendo a Europa paralizada y asistiendo al conteo creciente de casos en América, ahora sí se termina por aceptar la irresponsabilidad con que actuaron estos “expertos en coronavirus”, que no tenían ni idea (sin algún estudio serio, riguroso) del comportamiento del Covid-19.
Algunos médicos de esos sobradores que saben de todo alcanzaron a repartir memes con chascarrillos que ahora se deben tragar, porque nuestro frágil sistema hospitalario puede colapsar si no se toma en serio este contagio masivo que apenas empieza.
Solo en Medellín, donde el alcalde Daniel Quintero anunció que trataría de pasar de 400 camas a 500, con ayuda del Gobierno Nacional, se advierte lo difícil que sería tener 300 o 400 ciudadanos infectados al tiempo. Literal, como dice la canción: “no hay cama pa’ tanta gente”.
No se trata, pues, de crear pánico sino de crear conciencia de los autocuidados que cada uno tendrá que asumir para contener un brote masivo. El gran medidor será ver si somos capaces de impedir que se pase de los casos importados (de gente que llega de zonas que son focos de infección) a un contagio extendido en la cotidianidad de nuestros hogares y espacios públicos.
La otra cara de esta situación alarmante es la de una economía que se encogerá desde fuera y desde dentro. Estamos en el comienzo de un frenazo en sinnúmero de actividades comerciales y empresariales, que tendrán que acudir al teletrabajo y en casos más críticos al recorte de personal. Se avizoran tiempos difíciles, por el desgaste y el encierro que producirá el Covid.
Sería bueno que pare la charlatanería y nos pongamos serios. Esta amenaza solo la superarán sociedades bien informadas y dispuestas a prevenir y actuar con disciplina.