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Corrupción en la mira

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13 de julio de 2016

La expulsión del PC de quien fuera el principal apoyo en el equipo del expresidente chino Hu Jintao y su reciente condena a cadena perpetua es una nueva señal que ilustra la determinación que tiene el gobierno del mandatario Xi Jinping de desterrar la corrupción de los cuadros altos del Partido Comunista.

Ello es una alerta inequívoca a los restantes líderes del poder y particularmente a los jóvenes en el seno del Partido, tanto en Beijing como en el interior del país, de que la cosa va en serio.

Ling Jihua, quien acaba de ser condenado, ocupó las más relevantes posiciones políticas, fue el hombre de confianza del régimen de Hu y el principal encargado de las tareas más delicadas que emanaban de las directrices políticas. Sin embargo al actual presidente no le tembló la mano a la hora de hacer caer sobre quien se convirtió en la mano derecha del Secretario General el peso entero de la Ley.

El alto funcionario había sido acusado de recibir sobornos de manera directa o a través de terceros por cerca de 11 millones de dólares. El hombre estaba siendo monitoreado por sus actividades subterráneas, pero el escándalo estalló en el momento en que su hijo protagonizó un accidente automovilístico en la capital al volante de un lujoso Ferrari.

La batalla en contra de la corrupción ha vuelto a adquirir relevancia pública en la medida en que se acerca la celebración del XIX Congreso del Partido Comunista de 2017, cuando serán designados los sucesores de la alta cúpula partidista.

Han sido notorios los casos de limpieza profunda en las filas de la industria petrolera y en las fuerzas armadas. Ahora el objetivo son los cuadros jóvenes donde se concentra el futuro de poder y quienes se encargarán de poner en ejecución un plan de mayor apertura económica y de presencia china en el concierto mundial

Hay que anotar que en China la corrupción es considerada un inequívoco producto de la apertura. Por este motivo, antes de emprender pasos más contundentes hacia el establecimiento de una economía más liberal, la intelectualidad del país estima que es preciso desterrar la percepción de la población doméstica que son más numerosas las fichas corruptas dentro de las autoridades que el número de funcionarios probos.

Xi es de los que cree que esta distorsión en la conducta de quienes deberían dictar la pauta de moralidad en los cuadros oficiales contribuye a socavar la legitimidad del Partido y a alimentar el descontento social.

Desde fines del año 2012 ya Xi Jinping, como secretario del PC se había embarcado en una seria cruzada en favor del adecentamiento de la función administrativa y de los negocios en los que se requiere una participación de la burocracia estatal y, para ello se dictó un código a ser respetado por los funcionarios y se establecieron severas sanciones para los transgresores.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos realizados en este sentido, en las mediciones elaboradas por Transparencia Internacional sobre la percepción internacional en torno a la corrupción, China sigue ocupando un muy alto puesto aunque su sitial ha mejorado considerablemente.

En 2013 el gigante de Asia ocupaba el puesto 80 en el ranquin internacional y para el año que pasó su posición mejoró 20 puestos. No obstante esta significativa mejora, aun China comparte el rango de corrupción que ocupan países como Bolivia, Panamá, Surinam y Colombia.