COSTUMBRE COLECTIVA
Por Tairina Guisell Torrado S.
Universidad Pontificia Bolivariana
Facultad de Com. Social, 10° semestre tairina.torrado@gmail.com
Hay un punto en el que todos estamos de acuerdo y es que no existe vida perfecta. De hecho, si no fuera por aquellas situaciones que nos ponen a prueba no tendríamos la satisfacción de haber conseguido algo que parecía imposible. Sin embargo, estoy convencida de que si las cosas se pueden hacer muy bien, acercándose a la perfección, así deberían hacerse.
Entra aquí en juego el debate entre el deber ser de las cosas y su práctica en la vida cotidiana. Comenzamos un despliegue de quejas que nos agobian todos los días como pensamientos programados: “esta construcción no la terminaron”, “los políticos se roban la plata”, etc., a lo cual siempre le damos una respuesta derrotista, aceptando las decisiones que imponen los demás sobre nosotros. Es ahí donde se activa mi denominada costumbre colectiva.
El concepto se ajusta a todas esas situaciones con las cuales no estamos conformes, y en vez de unirnos como sociedad y generar movimientos de impacto o acciones contundentes, optamos por quejarnos unos con otros mientras gastamos nuestras energías en intentar conformarnos, y en la mayoría de los casos, lo logramos.
Este término que se multiplica como plaga, se evidencia desde lo más mínimo de la rutina hasta en los aspectos de corte nacional. Es tan simple que en países como el nuestro o el vecino, donde la gobernabilidad no es eficiente y es mediocre, la mayor característica que se presenta en épocas de elecciones es el abstencionismo, superando en ocasiones el 50 % en la medida de este indicador, cuando debería ser la oportunidad de alzar la voz.
Costumbre colectiva no es más que esa creencia de que si otro lo puede hacer yo no tengo por qué esforzarme; es también convencer a los otros de que es normal que las cosas estén mal y no les demos solución, y sobre todo, costumbre colectiva es esa fuerza negativa que construimos como masa para frenarnos ante una realidad que puede cambiar para mejorar pero por resignación no permitimos que sea así.
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