Columnistas

Críticos y criticones

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03 de mayo de 2016

Por Mateo Toro Cardona

Universidad de Antiquia

Facultad Com. Social, 6° semestre

@Teo_toro

Debo decir que mi posición frente al comportamiento humano dista de lo que quizá en algún momento de mi vida, fue una cátedra de “moral y buenas costumbres” impartida en toda su magnificencia. En resumen: Yo era de esos que gustaba de etiquetar las cosas y actos teniendo como punto de partida la moral propia. Ahora bien, ¿Qué es moral? Echando un vistazo a la historia desde los antiguos romanos puede definirse como “las normas que rigen la conducta de un individuo en una sociedad y las valoraciones que hacemos sobre actos humanos que consideramos desde la perspectiva de lo bueno o lo malo, lo justo o lo injusto, etc”. Hasta ahora todo muy despejado y claro, y es que muchos hacemos juicios basados en aquello que conocemos como bueno o como malo, pero hay un factor que surca tanto a aquellas definiciones como a nuestras percepciones: La cultura.

Por consiguiente aunque comer tortugas en Medellín se aleje de lo que consideramos como “rico, delicioso y normal” para otras culturas de otros espacios geográficos o hasta inmersos en el nuestro, es absolutamente normal; no obstante “grandes críticos” de la moral, las buenas costumbres y hasta posibles candidatos a ganar Master Chef –es broma- ven tal acto como una aberración indiscutible. Curioso escuchar y leer comentarios así, y al hacer una vista a sus neveras encontrar una morgue animal. Cada individuo tiene creencias distintas, sobre las cuales está fundada su razón. Esta razón no puede probar las creencias. Las creencias no logran probarse, por tanto no se puede decir quién es “mejor” que otro y caemos en lo relativo, ¿Qué podemos hacer entonces? La respuesta es la tolerancia.

Ser crítico es arduo, ser criticón es fácil. El primero es arte por el mero hecho de ser argumentativo, el segundo es un círculo vicioso. El criticón es adicto al populismo y a la demagogia, el crítico por su parte reflexiona, analiza y es abierto a muchas posibilidades. El criticón se cierra en una verdad que cree absoluta.

Mi invitación es a formar una moral propia, a conquistar el desierto y romper con prejuicios, con formas “correctas o incorrectas del comportamiento” y empezar a observar que hay otras historias y cicatrices más allá de lo que conocemos como “bueno” . n

*Taller de Opinión es un proyecto deEl Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opiniónjoven. Las ideas expresadas por los columnistas del Taller de Opinión son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de El Colombiano, ni las universidadese instituciones vinculadas con el proyecto.