Cuando de pareja se pasa a trío
La llegada de un tercer actor a una pareja con una relación amistosa o conflictiva, siempre tendrá el potencial de alterarla positiva o negativamente. Pero no hablo de relaciones amorosas, pues esas son aguas insondables y desconocidas.
Me refiero al escenario en el que han actuado los poderes geopolíticos del planeta desde del fin de la Guerra Fría, la única y más peligrosa guerra mundial de la historia. El orden, o desorden mundial configurado luego de la derrota del comunismo a finales de los 80, fue el resultado de un acuerdo entre las dos superpotencias donde los demás éramos solo satélites o áreas de influencia. Dicho “acuerdo”, diseñado principalmente por el victorioso EE. UU. y por las concesiones del perdedor, la URSS, fue un arreglo para la coexistencia en donde ningún otro actor, incluso Europa, tenía la capacidad para decir algo que debiera ser tenido en cuenta.
Pero una de las manifestaciones, porque ahora son evidentes muchas más, de que ese “arreglo” no está funcionando bien ni está dando respuesta a las nuevas realidades, es el reciente anuncio del presidente Trump de retirar a EE. UU. del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) por sus siglas en inglés) firmado en 1987 cuando Reagan estaba terminando la Guerra Fría. Como era de esperarse, la pareja de la antigua relación, Rusia, puso el grito en el cielo porque como dijo el portavoz de Putin, Dmitry Peskov, es un anuncio peligroso que conduciría a una carrera armamentística. Muchos analistas y Rusia, con un espectro visual estrecho como si tuvieran anteojeras para caballo, siguen viendo el mundo con una óptica anticuada y limitada en la que Rusia es todavía la única otra cara de la moneda.
Lo que está configurándose es un escenario geopolítico en donde un tercero ha llegado a afectar la antigua relación de una pareja que solo se veían recíprocamente a sus ojos. El principal objetivo del anuncio de retiro del INF, que había recomendado desde abril de 2017 el almirante Harry Harris, entonces jefe del Comando del Pacífico de EE. UU., no es Rusia, así se duela el ego ruso, sino China. Retirarse del INF tiene menos que ver con lo que EE. UU. pueda hacer en contra de Rusia, y más con la eliminación de las restricciones que tendría EE. UU. para desplegar cientos de misiles convencionales de corto y mediano alcance en sus bases en Asia, Japón y Guam. Esta nueva capacidad disuasoria y destructiva de EE. UU. en esa zona, sería el mejor “incentivo” para que el poco creíble discurso pacifista de Corea del Norte se materialice en realidades, y para que su patrocinador China, cuyo enorme programa de misiles violaría las reglas del INF si fuese signataria del mismo, entienda que a pesar de todo lo que está haciendo en las aguas del Mar de China, no es suficiente para que crea que va a eliminar tan pronto la supremacía de EE. UU. en el Pacífico.