¿Cuándo los “millennials” dejan de serlo?
En una cena con buenos amigos en la que la exquisita comida nunca supera la inteligencia de los comensales, a excepción de quien escribe, los brillantes economistas que me acompañaban, grupo del que también quedo excluido, hablaban de temas medulares y de futuro, cosa tan escasa como la trufa blanca del Piamonte en la dieta colombiana. Uno de esos temas fue la incertidumbre del sistema pensional, tema que, por lo espinoso y aterrador, hemos preferido “ignorar” como esas gallinas que cuando cruzan la calle, voltean la cara para no ver el carro que viene, convencidas que con eso el vehículo y el riesgo desaparece.
Mauricio Toro Bridge, conocedor como pocos del sistema de pensiones en Colombia y sus alrededores, además de los factores políticos, económicos y financieros que están involucrados en este asunto, señalaba el tema de las personas, sus aspiraciones y comportamientos, así como sus variaciones en el tiempo. Quien no sepa de naturaleza humana, mejor no estudie economía porque terminará como Marx, proponiendo cosas bonitas al oído, pero inútiles.
Mencionaba Mauricio a un grupo demográfico que habrá que considerar, los famosísimos y supuestamente exóticos “millennials”. Recordé otra famosa generación, los “hippies”, que hace más de 50 años eran sicodélica y sicotrópicamente libres, pacifistas, desenfrenados, despelucados, contestatarios, iconoclastas y antisistema, los fines de semana; pero empleados de corbata y bien peinados de lunes a viernes. La discusión se dirigió a especular si los millennials, los nuevos rebeldes a quienes nada parece asustarles y creen que mucho de lo anterior es obsoleto y es el “continuose” de gente conformista que no quiere “comerse el mundo”, seguirían siendo millennials por siempre. Entonces Mauricio dijo, como prueba de su inteligencia hace rato en camino a sabiduría, que esa generación seguía siendo desafiante, globalizada e innovadora, pero que dejaban de ser millennials financieros y económicos “hasta que se casaban y tenían hijos”.
Y es que como la biología es más poderosa que las ideas políticas y filosóficas, el millennial tarde que temprano terminado casado, y como la gente tiene todavía la mala costumbre de reproducirse, empieza a cambiar pañales y a pensar cómo va a pagar la universidad de su retoño, admitiendo también, pero en silencio, que sus papás no eran tan apocados.
Hace semanas, leyendo una investigación del analista económico Robert Ross sobre los precios de la gasolina y el comportamiento del consumidor en EE.UU., acabé de comprender las sabias palabras de Mauricio. Resulta que la reducción en los últimos meses de las millas recorridas en carreteras por los estadounidenses no se explica solamente por la coyuntura de los precios altos de la gasolina. La generación de 18 a 35 que llaman “millennials”, ya está dejando de ser tan culeca, ya puso el huevo, tiene que pagar impuestos, servicios públicos y colegios, y por eso salir en verano a devorar carretera con rumbo desconocido como el capitán Kirk de la nave USS Enterprise, ya no es lo suyo.