¿Cuatro horas laborables por día?
Un multimillonario chino de nombre Jack Ma´s predijo que sus nietos tan solo trabajarán cuatro horas diarias. No ha sido él la primera persona en afirmar tal cosa, razón por la cual publicó el Instituto Von Mises de Austria un interesante artículo firmado por un tal Randall G. Holocombe, en el cual afirma “estar de acuerdo con el señor chino, si se compara el número de horas que laboramos hoy con las del pasado. Pero esta comparación es engañosa. El trabajo no se ha disminuido para muchos y tampoco se disminuirá para todos”.
Las personas ocupadas en trabajos manuales, afirma, en los cuales siguen los operarios las instrucciones de sus supervisores, es probable y deseable que laboren jornadas más cortas. Pero para los ocupados en tareas que exigen conocimiento y que compiten con base en su capital intelectual, no esperemos que trabajen estos últimos menos horas.
Los cajeros y los operarios de las líneas de producción pueden reducir sus horas de trabajo y tras ellas su fatiga; debido a esto, su productividad por hora puede elevarse. Pero no esperemos que suceda los mismo con el presidente de una compañía, quien tiene que tomar decisiones con gran impacto en la dirección de sus empresas. Mientras más tiempo le dedique a informarse y a evaluar alternativas, más productivo será.
Una secretaria que permanece ocho horas diarias en su oficina tiene una mejor información sobre los que sucedió en la mañana que aquella que llegare a trabajar solamente durante la tarde. Por lo general, una persona que labora ocho horas no se remplazará con dos de cuatro horas cada una.
Por cuáles razones, se pregunta Holocombe, les pagan las empresas altos salarios a sus ejecutivos con largos años de experiencia, cuando podría contratar egresados de Harvard con menores salarios y con maestrías y conocimientos más actualizados.
La razón, responde nuestro autor, radica en que la experiencia genera unos conocimientos que no se adquieren en los sistemas educativos. Un ejecutivo o un médico que permanece 48 horas por semana en su oficina o consultorio debe llegar a su hogar a dedicarle otras dos o más horas diarias a leer revistas, periódicos, escuchar noticieros nacionales e internacionales. No pocas ocupaciones demandan entre 60 y 70 horas semanales de trabajo.
Es posible que algunas labores, concluye el artículo citado, sí puedan ejecutarse en jornadas de cuatro horas. Pero en una economía del conocimiento y de la información, numerosos trabajos seguirán requiriendo largas jornadas.