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CUESTA ABAJO

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27 de junio de 2015

Amable lector. Cuentan los biógrafos que luego de un año largo de permanecer en New York, donde filmó varias películas y tuvo múltiples presentaciones, Carlos Gardel regresó por mar a San Juan de Puerto Rico. Antes de llegar a Colombia, el dictador de esa época Juan Vicente Gómez lo invitó a su casa cerca de Caracas. Allí le cantó entre otras canciones “Pobre gallo barataz...”, que no fue del gusto de dueño de casa.

Después fue a Curazao donde encontró un grupo de venezolanos opuestos al régimen de Gómez, igual que hoy. En los primeros días del mes de junio de 1935 arribó a Barranquilla, de allí en avión pasó a Cartagena y Medellín donde se alojó en el Hotel Europa. Durante su estadía en esta ciudad se presentó en el Circo Teatro España. Desde entonces, según las gentes de Manrique y barrios vecinos, Carlos Gardel cada día canta mejor.

Regresó a Bogotá, donde estuvo poco más de una semana, actúo en varios teatros de la época y en la emisora La Voz de la Víctor. El público bogotano lo acogió como un ídolo. Allí su última canción fue “Tomo y obligo”. Como Gardel sentía pánico de viajar en avión le aconsejaron volver a Medellín para seguir a Cali y evitar el vuelo cruzando La Línea. En el aeropuerto Las Playas “Olaya Herrera”, el avión al mando del piloto Ernesto Samper M. (no confundir), se dirigió al sur de la pista.

Mientras tanto, otro avión esperaba el turno piloteado por el alemán Hans U. Thom, que al parecer días antes había tenido roces con Samper. Se dice que este último por asustar al alemán, al decolar arrimó demasiado su avión al otro. Quizá no lo pudo controlar o que el viento le hizo una mala jugada. Así ocurrió esta tragedia en la que murió Gardel, varios de sus acompañantes, entre otros Alfredo Le Pera, Guillermo Barbiery, Ángel Riverol, el piloto Samper y las siete personas del avión de Scadta.

El 24 de junio de 2015 se cumplieron 80 años de esta catástrofe. Aún se escuchan versiones sobre las causas que lo originaron. Me inclino por pensar que todo fue una imprudencia del que tenía bajo su mando el avión. Igual ocurre en otros casos, que más de uno con el debido respeto, dijo que estaban equivocados.

Nadie ha superado su preciosa voz, no solo por la forma de vocalizar, sino por el realismo al expresar el sentimiento que hay en sus canciones. Basta citar por ejemplo: Adiós muchachos, Arrabal amargo, Caminito, Cuesta abajo, El día que me quieras, La cumparcita, Lejana tierra mía, Mi Buenos Aires querido, Silencio, Sus ojos se cerraron, Volver y Volvió una noche. La música de muchas de ellas fue de Gardel y la letra de Alfredo Le Pera.

Sus restos fueron llevados a Buenaventura por unos arrieros, hoy reposan en el cementerio de La Chacarita y su alma se quedó acá. En la letra de estos tangos hay algo de nuestras vidas y querámoslo o no, el país va cuesta abajo.