Cuidar un jardín
Ingeniero de Producción de EAFIT y magíster en Administración Pública de Harvard, quien con su liderazgo humanista ha revolucionado la asistencia social en Antioquia. Desde el liderazgo en Comfama impulsa la cultura, el arte y la educación como motores de transformación social. David cree que Medellín puede reinventarse como una zona azul urbana, ejemplo mundial de salud, comunidad y felicidad.
Querido Gabriel,
Hace poco, en un viaje, admirando un bellísimo jardín público, con sus flores, sus árboles cuidados, sus senderos de grava fina y un pequeño estanque cercano a la perfección, un compañero de viaje dijo: “Las sociedades más avanzadas, son jardineras”. El tema de los jardines, extendido a las huertas que son un tipo más de jardín, funcional e igualmente hermoso, me ha acompañado durante toda la vida. ¿Qué tal si hablamos de jardinería, del arte de cultivar la tierra, paciente, alegre y persistentemente?
El incremento de la longevidad es una realidad y una gran oportunidad para nosotros los latinoamericanos; en especial, plantea una reflexión necesaria para quienes trabajamos en la empresa, en políticas públicas o en la seguridad social. Te preguntarás qué tiene que ver esto con el tema que te propongo. En un libro que estoy leyendo, Ikigai, sobre el modo de vida japonés, me encontré una referencia a un estudio sobre los cinco lugares del mundo con más proporción de personas mayores de cien años. Una de las características de la vida en estas regiones, de las personas que viven más años sanas, es la actividad física frecuente y moderada y ¡gran sorpresa!: la práctica de la jardinería es un elemento que todas comparten. Cuidar un jardín parece ser esa mezcla perfecta de ejercicio físico y meditación que protege nuestro cuerpo y nuestra mente.
¿Qué dirán tus compañeros, la mayoría urbanitas? ¿Opinarán, como mi amigo, que las personas más educadas, desarrollan la atención, la paciencia y el gusto necesarios para cuidar de un jardín? ¿Coincidirán en que las comunidades más avanzadas se ocupan y disfrutan de sus parques y jardines públicos? Hace poco supe de ciudades europeas donde mantienen unas zonas comunes en las afueras, en las que sus habitantes cuidan pequeñas huertas que no pueden tener en su casa. En Colombia, cada terraza, balcón y muchos antejardines son huertas y jardines en potencia. Por otro lado, he visto varios proyectos educativos que tienen el cultivo como parte de su proceso. La Fundación Secretos para Contar ha publicado textos sobre las huertas caseras tradicionales y su valor en la dieta rural colombiana e incluso usa el intercambio de plantas y semillas como oportunidad para estimular la lectura y promover el encuentro comunitario. También he visitado colegios que giran alrededor de sus huertas, donde los estudiantes, desde pequeños, aprenden de la naturaleza y de la vida de las plantas, interactivamente, cultivando la tierra. ¡Cuánto nos hubiera servido desarrollar desde niños la paciencia para esperar el brote, el crecimiento, la floración y la cosecha, con el fin de comprender a cabalidad los procesos naturales!
Conversemos de esto con los que quieran vivir sanos y felices muchos años, con quienes gusten de la comida con variedad de sabores, con los amantes de las flores y con aquellos que aún desconocen el deleite de cuidar un jardín. Promovamos una ciudad con más huertas que nos nutran y jardines públicos que embellezcan lo cotidiano, con follajes, frutos y flores: los aromas y colores de la vida misma.