¿De centro o ambidiestro?
A mi abuela, que nació zurda, la obligaron a aprender a escribir con su mano derecha. Creo que eso pasó con muchos de nuestros abuelos y padres. La izquierda siempre ha representado lo malo. Ser diestro es ser hábil, experto, pero ser siniestro no es ni siquiera la falta de habilidad. Es la maldad pura. El bien y el mal, pero el uno no existe sin el otro.
Yo soy zurdo de mano, pero derecho de pie, eso ya representaba una confusión. Peor aún, algún día en la universidad y mientras escribía en el tablero, un compañero me hizo ver que lo estaba haciendo intercambiando manos. Resulté siendo ambidiestro. Empecé a entender las ventajas de esta habilidad.
En la contienda política reciente no me gustaba ninguno de los candidatos de los extremos. Sin embargo, muchos elementos de la mirada de derecha me hacen cambiar de sentido, por ejemplo, los temas de mercado y empresa, y muchos de la izquierda también, por ejemplo, la mirada social. En conclusión, creía que yo era de centro.
Hasta que recordé eso de ser ambidiestro. No es lo mismo ser de centro, que no es ni chicha ni limoná, un péndulo en la mitad que no se mueve, a ser ambidiestro, que reconoce lo valioso del espectro que hay en ambos lados (no en sus extremos) y crea soluciones con ideas que en apariencia no se podían combinar, pues eso nos enseñaron.
Siempre he escrito alrededor del mundo empresarial y esta vez no es la excepción, pues veo que lo mismo pasa en este mundo. La derecha es la orientación pura al resultado financiero, al beneficio de un único actor clave, el dueño o accionista, sin considerar el cuidado de la gente interna, el cliente y, menos aún, el medio ambiente y la sociedad.
Admiro a las empresas que se están volviendo ambidiestras -no de centro- que siguen reconociendo la necesidad del beneficio financiero, pero donde este es más una consecuencia que un fin en si mismo; donde el cliente, visto como persona, se vuelve el centro de acción y son ciudadanos corporativos responsables puertas adentro (con su gente) y puertas afuera (la sociedad y el ambiente). Empresas conscientes.
¿Por qué no incluir esa mirada ambidiestra en todos los ámbitos de nuestra vida? Es más integral, más incluyente, pero más difícil (la inclusión más difícil es la del que piensa diferente). Crear y construir desde aparentes contradicciones es más complicado, pero es definitivamente más poderoso.