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De Ser Pilo Paga a la Educación Terciaria

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05 de julio de 2016

Los asuntos sociales relacionados con las reformas de los sistemas de salud y educación no han sido parte de las políticas más apreciadas por este gobierno. Su preocupación central ha sido el proceso de paz y en esto, debemos reconocer, ha sido perseverante, coherente y hasta el momento, exitoso. Pero en educación ha sido un desastre.

La anterior ministra de Educación María Fernanda Campo, propuso una reforma de educación en 2011, que promovía la participación de capital privado en la educación superior. Con esto, Santos señaló que en la base de su concepción hay una visión neoliberal, que se puede ver desplegada en la forma como su gobierno ha enfrentado los problemas de salud, agrario, minero, y de transporte con los camioneros.

Desde que la propuesta de reforma de Educación se cayó, por la oposición masiva e inteligente de un movimiento nacional estudiantil, no ha habido otra “gran idea” en este Ministerio que merezca destacarse por su sentido de equidad y compromiso político con la educación pública. La ministra Gina Parody ha presentado otras propuestas: unas malogradas y otras creadas en función del fracaso de la educación pública.

El “Acuerdo por lo Superior”, que el presidente Santos acogió como “propio” y se comprometió a implementar, es una política que ha tenido muy poca incidencia en las discusiones y en la política universitaria. Esta política, así como el nuevo invento del “Sistema Nacional de Educación Terciaria”, está imbuida, desde el principio hasta el final, por el nuevo espíritu que reina en las universidades, el MEN y Colciencias: el espíritu de la estandarización.

La estandarización es el resultado de la aplicación de políticas de organización empresarial a la universidad. La estandarización se expresa en el dominio de valores neoliberales, como: alta productividad, capacidad de competencia e innovación, y sistemas de medición para todo lo que se haga en la vida universitaria. Mediante el uso de estos criterios, los funcionarios de la educación superior, que Kant denominó “comerciantes de la ciencia”, convierten los criterios de excelencia de cada disciplina en estándares. Y así, vale lo mismo un burro que un gran profesor.

Pero la ministra Parody no se inmuta. Ella va por su camino. Quiere triunfar como política, en vez de hacerlo como una gran ministra. Sus pequeños triunfos politiqueros entregando tabletas a los niños, rodeada de los medios, son más importantes para ella que las victorias de importantes programas que sirvan para superar la condición de la minoría de edad educativa de la mayoría de los colombianos.

Las críticas al programa de Ser Pilo Paga por ser funcional al aumento de los ingresos y la presencia de las universidades privadas (98,4 % de sus recursos ha ido a las universidades privadas), y por debilitar las públicas al no desarrollar programas para enfrentar su desfinanciamiento estructural, las rechaza mediante falsas acusaciones a sus críticos. Definitivamente debemos mostrarle a la Ministra Parody, en el espacio académico, que la finalidad de la universidad no es la gestión, sino la formación y la investigación.