DE TUMBO EN TUMBO
En medio del tortuoso trance que hoy vive el país, ya los desafectos no solo son los frentes de las Farc-EP que la propaganda oficial llama “disidentes”, sino centenares de miembros de esa agrupación que a lo largo y ancho de la comarca abandonan los llamados “Espacios territoriales de capacitación y reincorporación”, porque ante las enormes dificultades logísticas allí observadas (faltan servicios elementales como agua potable o energía) optan por otros rumbos.
¿Cuál es el destino de quienes abandonan el proceso? Algunos, animados por la idea de retornar a la legalidad, emigran para buscar mejores oportunidades al lado de los suyos; otros, se vinculan a los grupos armados que los reclutan con elevados salarios, para continuar con sus actividades criminales o, como sucede con ciertos mandos medios acompañados de sus seguidores, vuelven a sus andanzas originales.
A la par que se produce esta estampida también aumenta la intimidación contra los líderes sociales, tanto que los investigadores de Indepaz –en reciente y escalofriante informe– aseveran que “las violaciones de derechos humanos evidencian una naturaleza repetida, invariable y continua de la violencia cometida contra una población civil particular, en territorios determinados con características concretas” y con explícitos patrones de intimidación identificados.
Los actores armados, pues, se expanden y siembran el terror entre la población, porque su política es eliminar de forma sistemática a todo aquel que ingiera en sus asuntos ilegítimos; por eso, los homicidios, la llamada “limpieza social”, las “vacunas” y las amenazas, etc., se tornan en el pan de cada día. Esta problemática, como recuerda en otro informe el colectivo académico citado, no es nada despreciable porque esas bandas ejercen control territorial en doscientos setenta y cinco municipios de veintiocho departamentos, donde el proceso de paramilitarización posterior a los acuerdos avanza raudo.
Los pactos (¡y ojalá no suceda lo mismo si se llega algún acuerdo con el autodenominado Ejército de Liberación Nacional!), pues, se incumplen por parte de unos y otros, mientras se le envía a la sociedad el mensaje de que ellos son meras declaraciones simbólicas sin valor alguno. Con toda razón, el Defensor del Pueblo (cuyas posturas en esta materia no pueden ser censuradas por tener un tinte ideológico especial), acaba de decir que “si el Gobierno no atiende como tiene que atender la reincorporación, la paz podría estar en entredicho”; con ello hace referencia a lo sucedido en los lugares de concentración de los miembros de las Farc-EP.
Así las cosas, ante los graves aprietos para la reinserción de los insubordinados, la desbandada y la siniestra violencia ejercida sobre ciertos sectores de la población civil más vulnerables, la añorada meta de lograr una convivencia estable y duradera es cada día más lejana y distante; eso sí, quienes se lucran con el negocio de la paz se oxigenan y retoman nuevos senderos electorales, sin importarles que se entronice la falta de liderazgo y de autoridad en la conducción del Estado, porque la comunidad está condenada a observar como las instituciones se deshacen y todo se derrumba ante sus narices.
Que nadie, entonces, se llame a engaños pues a la nación todavía le esperan momentos muy agrios y difíciles, en atención a que la tarea de consolidar una organización estatal robusta que pueda jalonar un proceso de verdadera paz, es a largo plazo. El cambio que esta maltrecha sociedad requiere es real y de hondo calado, de tal forma que mañana pueda insertarse con dignidad y grandeza en el concierto de las naciones; para lograrlo, el colectivo social todo –y no solo es un mandato para algunos– tiene que movilizarse con brío, porque él es el único legitimado para lograrlo.
De esta manera, es imperativo no vivir de meras manifestaciones alegóricas como la exhibición de palomas diminutas en la solapa, la fabricación de lapiceros hechos con balas de fusil; o, en fin, como antes, mediante la confección de sisellas blancas pintadas en todos los lugares.