Columnistas

DEJA CAER TU MURO

Loading...
29 de enero de 2018

El mundo cada vez busca tumbar muros -no quiero ni hablar de alguien que quiere levantar uno en una frontera-, crear mercados comunes e incluso hace años se mencionaba un concepto con un toque poético bonito que me gusta bastante: somos una aldea global.

En las empresas también cada vez se habla más de tumbar muros a través de conceptos de transversalidad y de trabajar menos en silos. Para que eso se convierta en realidad, están haciendo muchas cosas en el interior que van desde cambiar espacios físicos de trabajo creando espacios colaborativos (sí, una palabra de moda), implementar gestión por procesos, eliminar los cubículos tan famosos un tiempo atrás, y quizás la más en boga, trabajar con metodologías ágiles, solo por mencionar algunas.

Sin embargo, siento que aún no se logra realmente romper esos silos o muros entre áreas, equipos de trabajo y hasta organizaciones. Y creo que hay una razón muy clara.

Imagínense 4 o 5 personas de áreas diferentes y que son invitados -casi obligados- a trabajar de manera colaborativa alrededor de un problema, necesidad, nuevo producto o similar. Un primer paso, no pequeño, que han sido capaz de dar las empresas es alinearse alrededor de un objetivo y propósito común. El solo hecho de existir objetivos, metas e intereses diferentes hacía que el concreto del muro fuera de más resistencia. Esa resistencia se ha debilitado: unir metas, objetivos, procesos y espacios de trabajo debilitó el muro, pero, sorpresivamente, no lo derribó.

Y es que el cimiento de ese muro está en las personas. Nos enseñaron a eliminar la humanidad del lugar de trabajo, a no ser nosotros mismos, a no ver y valorar al otro por lo que es, y son esas diferencias las que enriquecen las construcciones, pero a la vez las hacen más difíciles. Debemos darnos el espacio y el tiempo para conocer al otro, dejarnos conocer a nosotros mismos, quiénes somos, qué nos motiva, qué se nos dificulta, ser vulnerables, pedir y ofrecer ayuda.

En otras palabras, cada uno de nosotros también ha puesto su propio muro y mientras no dejemos caer ese muro que arma el cimiento del muro organizacional, este no va a caer. En la época medieval no solo cayeron las murallas de las ciudades y castillos, también desaparecieron las armaduras en las personas. Aún cada uno de nosotros no ha dado ese paso en el mundo laboral.

Vuelvo a la idea de la aldea global, en una aldea todos se conocen entre sí, hay confianza real, sabemos qué hay detrás de quién hace que oficio, su historia, su individualidad, pero a la vez hay un interés común no solo para que la aldea salga adelante sino para que cada uno de sus habitantes sea feliz, crezca, se interese en el otro, en su prosperidad y exista una humanidad compartida.