DEJEMOS EN PAZ A LOS ESPÍRITUS TUTELARES
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A tal extremo ha llegado el desencanto con los políticos tradicionales y de tal magnitud es la ausencia de liderazgo transformador en la incompleta democracia nuestra, que un grupo de amigos inteligentes y preocupados por el destino de la región ha creado un partido exótico, La In, para invocar los espíritus de los máximos creadores literarios y estéticos y lanzarlos como candidatos a las elecciones de octubre.
Con piezas representativas del ideario de Carrasquilla y Barba Jacob, León de Greiff, Fernando González, Mejía Vallejo y Gonzalo Arango, por ejemplo, podría ensamblarse un proyecto sapiente que le devolvería el humanismo, el contenido ético y el criterio de veracidad al gobierno de la ciudad, los pueblos y el departamento. La bondad de intención de los promotores del movimiento La inteligencia nacional es evidente, aunque se columbran en su propuesta un agudo sentido del humor y un sarcasmo profundo.
Hice el ejercicio de buscar en la historia de la literatura regional a quienes postularía. La lista aportaría incluso buena orientación para un estudio geográfico y filológico sobre la cultura antioqueña. En principio estaría de acuerdo con los primeros candidatos: Carrasquilla para la Gobernación, De Greiff para la Alcaldía de Medellín; González, Barba Jacob, Mejía Vallejo y Gonzalo Arango, alcaldes de Envigado, Santa Rosa, Jericó y Andes. Pero todos ellos, que apenas pasaron cual ráfagas por empleos oficiales, fueron ajenos a la cosa pública y se mantuvieron a una distancia crítica del gobierno, suficiente para sostener la independencia creativa y no dejarse tentar por la mermelada del poder, que se ha repartido desde tiempos inmemoriales.
A todos ellos los reconocemos y admiramos como antepasados magistrales en el culto a las letras, al buen decir, el buen leer y el buen escribir, al poder del saber y la fuerza del espíritu y las ideas, al dominio de la razón sobre la sinrazón, al imperio de la pulcritud y la transparencia y, en fin, a la creación de una sociedad y un mundo convivientes, tolerantes y empujados al progreso integral hacia arriba y hacia adelante. Pero tengo la certidumbre de que ninguno habría alcanzado ni siquiera mínimos logros en el gobierno de la ciudad, los pueblos y la región. Habrían representado expresiones patentes del cumplimiento del famoso Principio de Peter, por incompetentes para administrar los asuntos públicos.
Esa suerte de versión a lo paisa del Mito del Rey Filósofo no funcionaría en estas tierras del pragmatismo político. Además, solo reunirían los votos de diez o veinte ilustrados tertulianos. Sigamos leyendo y perpetuando la obra de los espíritus tutelares de Antioquia y contemplando con su ejemplo la hermosa utopía de “la más educada”, pero no les perturbemos la paz que se ganaron con su inteligencia y su bondad.