Columnistas

Del “jaguar gringo” a los “pumas paisas”

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21 de febrero de 2016

Los biólogos y los demás estudiosos de la fauna americana están emocionados ante un hecho histórico e inusual: en las montañas de Tucson, Arizona, Estados Unidos, apareció un jaguar musculoso e inquieto. Quedó registrado en las cámaras-trampa de los protectores de fauna de la zona.

Desde mediados del siglo pasado no se registraba un hecho de esta “sorprendente naturaleza”. El territorio habitual de los jaguares llegaba hasta los bordes de aquella nación, pero el rango actual ha encogido sus áreas de tránsito a las selvas chiapanecas, en México. A lo sumo, son vistos en Sonora, al extremo norte.

Me llama la atención cómo el Washington Post y National Geographic registran la conmoción y la maravilla que significa para la sociedad estadounidense la aparición de este jaguar macho al que han apodado “El Jefe” (The Boss).

Hace poco más de un año otras cámaras-trampa de los protectores de fauna del Valle de Aburrá capturaron imágenes de un puma hembra y sus dos cachorros en el Alto de La Romera, en Sabaneta. Y contrasta la sombría inquietud que ello despertó entre nosotros. Un león de montaña caminando a 20 minutos de las autopistas y los moteles de nuestra Área Metropolitana y todos como si nada.

No sé si tal vez el mío sea el asombro de un periodista, que debe estar por encima del promedio, pero son fabulosas y a la vez retadoras las noticias sobre “El Jefe” gringo y la “jefa felina paisa”. Casi que cada mes hay noticias de tigrillos, zarigüeyas y zorros atropellados en la zona de El Escobero, aunque hay que resaltar los puentes artificiales levantados por el Municipio de Envigado sobre la vía, para facilitar que crucen y ponerlos a salvo del tráfico vehicular.

“El Jefe” les ha recordado a los naturalistas el extenso territorio que ocupaban los grandes felinos americanos y que fundaciones como Panthera intentan salvaguardar, mediante el llamado a los gobiernos para que impidan que se rompan los corredores naturales que se trazan a través de las cadenas montañosas desde Argentina hasta el Río Grande.

Ese jaguar y esos pumas son ejemplo de cómo la vitalidad de la naturaleza resiste los embates de la colonización humana, en cada rincón del planeta. A Antioquia y al país aún le quedan selvas exuberantes como las que limitan con Chocó y las de páramos como el de Sonsón.

Aunque el tema nos parezca paisaje, la aparición de “El Jefe” y de los pumas de La Romera debe ponerle garra a la conciencia ciudadana, para que se valore la afortunada oportunidad de ver a felinos en vía de extinción, sin caer en la tentación de cazarlos.