Descubriendo a mi padre
Por IVÁN DUQUE MÁRQUEZ
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Han sido largos los días desde que nos dijo adiós. Momentos de mucha reflexión y poco a poco he encontrado el verdadero sentido de cada una de estas palabras que hoy comparto con ustedes.
La vida de alguna manera está llena de símbolos y las despedidas no son la excepción. Tal vez por eso exista en nuestra cultura de manera tan marcada la presencia del luto. Pero mi padre fue un ser humano de colores, alegría, chispa, no alguien de lutos. Iván Duque Escobar no ha muerto. Su vida, su obra, sus ideas están presentes, vivas, al igual que tantos miles de corazones que tocó sin esperar nada a cambio.
Siempre quise descubrirlo, porque en la medida que pasan los años los hijos intentamos llegar a su alma para conocer la esencia de quien nos ha formado. Por eso más que el hombre público, mi padre fue un ser de condiciones espectaculares.
Como padre fue excepcional. A cada uno de sus hijos supo darle el tipo de amor y cariño necesario conforme a su necesidad, e incluso supo fragmentar democráticamente los rasgos de su personalidad. Fue cariñoso pero nunca meloso, estricto pero jamás arbitrario, exigente pero ajeno a la presión, generoso pero no desmedido y lo más importante, siempre nos enseñó con su ejemplo.
Fue ese gigante el que nos inculcó la honestidad como la transparencia que debe guiar nuestras acciones. Nos decía “no se sientan más que nadie, pero tampoco menos que nadie”, para pulir la equidad y el respeto a todo ser humano. Eso explica por qué este hombre nacido en la Antioquia profunda fue amigo de príncipes, presidentes, hombres de negocios, campesinos, desposeídos, colegas, viejos, jóvenes y niños, dándoles a todos el mismo trato, el mismo tono de voz, la misma actitud.
Mi padre inculcó la laboriosidad y el amor por el trabajo. Se levantaba a las 5 a. m. y a las 7 ya tenía su agenda y hoja de ruta. Lo hizo motivado por los resultados y por crear equipos. Nos dejó ver cómo lograba sacar la garra de sus compañeros en aras de la excelencia. Él personificaba la frase de Napoleón, uno de sus personajes favoritos, según la cual el General no regaña, enseña.
Iván Duque Escobar también nos preparó para distintas facetas: para leer a los seres humanos e identificar las almas puras y las impuras, para saber administrar el dinero con rigor pero a la vez sin avaricia, sabiendo ahorrar e invertir, nos formó para buscar la virtud y deplorar el vicio. Logró que amáramos la lectura, la intelectualidad, la música, el cine. Nos formó para la amistad. Fue un amigo sin fronteras y amigo de verdad.
No me canso y no me cansaré de descubrir a mi padre. Fue el mejor de mis amigos. Fue un hombre pulcro, sin tacha que ejerció la política con valores, principios y argumentos. Fue un demócrata integral que mantuvo amistades cercanas con líderes de todas las ideologías y que su único deseo fue hacer lo que le sirviera mejor al país.
Hoy porto con orgullo su nombre y entiendo que no se puede ser un buen hombre público sin ser un buen ser humano. Fue el mejor de los seres humanos que haya conocido.