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DESPUÉS DEL DESASTRE, REALMENTE NO HAY PALABRAS

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19 de febrero de 2018

Por JOSEPH HEITHAUS
redaccion@elcolombiano.com.co

“Es catastrófico. Realmente no hay palabras.”

Leí esa declaración del sheriff del condado de Broward, Scott Israel, la mañana después del miércoles de ceniza - y el día de San Valentín, en una pantalla de computador a más de mil millas de distancia de Parkland, Florida, en una casa alquilada en una ladera en Costa Rica. Ese día, mi hija de 19 años llegó de una escuela cuáquera donde está pasando un año intermedio, y antes de que ella o yo hubiéramos leído la terrible noticia, me dijo: “Ah, casi se me olvida. El presidente de Costa Rica visitó la escuela hoy. Fue después de Reunión”.

Los miércoles en la mañana, la escuela se reúne en silencio por 45 minutos. Es una reunión abierta, así que hay viejos regados entre jóvenes. En nuestros siete meses aquí, he asistido a unas cuantas reuniones de miércoles. Aquellos que se sienten llamados a hablar, incluso los más pequeños, dicen sus palabras en español o en inglés. Un estudiante bilingüe de los grados superiores siempre está asignado para traducir. Los más jóvenes, de kínder y primero de primaria, vienen sólo por un rato corto. Los estudiantes mayores tienen “hermanitos”. Mi hija tiene el magnetismo de mi esposa por los niños, entonces frecuentemente tiene a su hermanito sentado en sus rodillas y un grupo pequeño de niñas a su alrededor.

Este miércoles, se sentó con un pequeño grupo de niñas mientras el presidente Luis Guillermo Solís, quien había llegado como invitado especial después de Reunión, habló con los niños, vestido con su ropa deportiva. Había venido a inspeccionar las carreteras damnificadas por la tormenta tropical Nate y al parecer había caminado un poco por la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde. Los niños le cantaron una canción que todos se saben de memoria. “Paz y libertad”.

Mientras estos niños cantaban, se tomaban selfies y posaban para fotos en grupo con el presidente saliente, una masacre estaba sucediendo en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland.

Estos son niños que repiten los ideales de este país y los ideales de la comunidad cuáquera que los proporciona, a un precio que pagan sus padres, una educación privada. Esto no es un comercial para Costa Rica. En esta misma ciudad en 2005, un robo a un banco que se convirtió en una crisis de rehenes dejó nueve personas muertas. Este país también tiene sus problemas.

Que la canción y el ejemplo de este pequeño país, con su compromiso con la paz, la preservación de la naturaleza, y la ley y el orden en un estilo muy diferente al que promueve la idea de que cada uno de nosotros debe portar un arma, podría darles algo de consuelo en un tiempo difícil.

Gústenos o no, probablemente hay demasiadas palabras. Pero pienso que cuando el Sheriff Israel hizo sus declaraciones, fue en parte un llamado para que nos escuchemos unos a otros, o para que escuchemos, por un tiempo, nada en absoluto. Observar silencio. Si he aprendido algo viviendo entre los cuáqueros de Costa Rica, es que vivir en silencio intencional y enfocado es un espacio a la vez vacío y lleno de posibilidad, tanto para individuos como comunidades. En momentos como este, escucharnos unos a otros es tal vez nuestra única esperanza para evitar catástrofes como esta, donde luego del desastre, realmente no hay palabras.