Columnistas

Devaluación y agricultura

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21 de noviembre de 2014

Todo parece indicar que el país se mueve, cada vez con mayor fuerza, hacia la devaluación de la moneda. Tanto lo que ocurre en el entorno internacional como en el nacional hacen previsible que el peso se vaya devaluando progresivamente.

En estos días esta situación se ha hecho más evidente, lo que claramente va a conllevar ajustes no sólo en la política macroeconómica, sino también a nivel de los diferentes sectores y agentes. Entre estos se encuentran los productores agropecuarios, los consumidores y la industria de transformación.

Una mayor devaluación debería favorecer el crecimiento y el desarrollo de la agricultura colombiana. Los productos transables, como son los exportables y los importables, deberían verse altamente beneficiados.

Para los exportables un peso más devaluado no sólo les implica una mejora en sus niveles de ingreso y rentabilidad sino que favorece la capacidad competitiva en los mercados externos, lo que, a su vez, beneficia la ampliación de la producción y, eventualmente, se puede traducir en mayores niveles de empleo.

Los importables se ven favorecidos, pues el costo interno de los productos foráneos aumenta. Esto puede significar, gracias al mejoramiento de los ingresos, un aumento de la producción interna que sustituya la oferta del exterior. El impacto en el empleo debe ser menor al de los exportables, pues los productos importables son poco intensivos en el uso de la mano de obra.

El mayor costo de las materias primas agropecuarias producidas internamente y de las importadas afectará el costo de producción de los bienes que, como los avícolas y los porcícolas, las utilizan en sus procesos productivos. Igualmente, la industria de transformación agroindustrial verá afectada su capacidad competitiva.

Para los consumidores colombianos, la mayor devaluación representará un incremento en el costo de los alimentos, incluidos los transformados, particularmente de los importados y los sustitutos de importación. Dado el mayor peso que tienen los alimentos en la canasta de los grupos de más bajos ingresos, estos sentirán con mayor fuerza el impacto de un mayor costo de la canasta alimentaria. Infortunadamente, ello tiene implicaciones negativas en la nutrición y la seguridad alimentaria de estos hogares.

Como se ve, la mayor devaluación ayuda a impulsar la producción agropecuaria y, por tanto, el crecimiento sectorial. Esta coyuntura debería ser aprovechada por las autoridades del sector para, de cara al mayor aprovechamiento de los TLC, promover la diversificación exportadora, la reconversión productiva de los importables y, en general, el fortalecimiento de la capacidad competitiva de la agricultura colombiana.

Para ello, como se señala en un documento reciente de Fedesarrollo, se deberían aprovechar los recursos de la ley 1133 de 2007 por medio de la cual se creó el Programa AIS y que tiene como objeto, precisamente, mejorar la competitividad de la agricultura para enfrentar la internacionalización de la economía.

Actualmente, los recursos de dicha ley no tienen unidad de materia sino que se distribuyen en varias actividades y programas del Ministerio de Agricultura, lo que le resta efectividad.

Ojalá que el nuevo escenario cambiario se aproveche para acabar con los ineficientes subsidios y se fortalezca el crecimiento sectorial.