Columnistas

Dios misericordioso se revela en Jesucristo

Loading...
24 de enero de 2016

El Evangelio según san Lucas (1, 1-4; 4, 14-21 nos relata la autopresentación de Jesús en la aldea donde se había criado. Situémonos con nuestra imaginación en la sinagoga de Nazaret y contemplemos cómo inicia allí su predicación con base en la lectura del libro profético de Isaías (61, 1 y ss.), evocando lo que este texto había significado unos cinco siglos y medio antes, al ser liberados los judíos de su cautiverio en Babilonia. Jesús anuncia ahora una nueva liberación, mucho más completa, ya no solo para el pueblo de Israel, sino para toda la humanidad.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido”. Con esta frase de Isaías, Jesús se presenta como el Mesías prometido y anunciado por las profecías bíblicas. En hebreo el título Mesías significa Ungido, lo mismo que Cristo en griego, y hace referencia al rito conque los reyes, sacerdotes y profetas en el Antiguo Testamento recibían el poder del Espíritu Santo que los hacía capaces de cumplir la misión para la cual el Señor los había elegido. Nosotros, desde nuestra fe, reconocemos a Jesús como el Mesías prometido, en quien se revelan la esencia y la acción de Dios, que es Amor Misericordioso y cuya misión es dar esta “buena noticia” a los pobres, liberando a los oprimidos y aliviando el dolor de los que sufren. Y eso es lo que significa en griego “eu-angelion”: una buena noticia realizada en hechos concretos.

Esa sería también la misión que Jesús les iba a dar a quienes quisieran seguirlo: evangelizar, es decir, proclamar con hechos que, para todo ser humano que se encuentre en una situación difícil o sufriendo cualquier tipo de opresión, empezando por la que experimentan los pobres y explotados, es posible un porvenir nuevo, no solo en el más allá, sino desde esta vida presente. Por ello en este Año Santo de la Misericordia, que esperamos sea para nosotros un año de gracia del Señor -favorable y positivo-, revisemos nuestro compromiso de seguidores de Jesús y dispongámonos a ser también, como Él, portadores de esa Buena Noticia mediante el testimonio de obras concretas que contribuyan a la construcción de un mundo mejor para todos, empezando por los más necesitados.