Columnistas

DIOS Y LA INGENIERÍA

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24 de mayo de 2018

Por LUIS GONZALO MEJÍA CAÑAS
lgm@une.net.co

Los hermosos ideales que siempre guiaron la planificación y desarrollo de las obras de ingeniería, hoy en día, por muchas razones, han cambiado. Pero, ¿qué ha ocurrido para llegar a las situaciones que llenos de perplejidad vivimos?

No hace mucho, el profesor Robert Ratay, en su libro “Forensic Structural Enginering Handbook” contestó en forma magistral esta pregunta:

“Las fallas de las obras no son solo accidentes, ni designios de Dios. Ellas resultan de errores humanos debidos a omisión, equivocación, ignorancia y codicia. Ahorros en el diseño y construcción, a menudo se devuelven como enormes costos de reparación y litigación. Las vulnerables estructuras que hoy se construyen, proveerán de gran cantidad de trabajo a los ingenieros forenses en los años venideros”.

Excluido Dios como causante de este terrible caos en el que andamos, queda solo en hombros de los hombres tan pesada carga. Claro que por algunas de las razones mencionadas por el profesor Ratay, pueden presentarse errores en las oficinas de ingeniería, pero a menudo todo empieza con nuestros gobernantes, que anteponen sus egos a la razón, y para su disfrute, planean obras innecesarias y costosas que distraen su atención de lo verdaderamente importante.

Sobre este asunto del desbarajuste de prioridades que conduce a una pérdida de control de los proyectos, valga la pena recordar a los Parques del Río, planeados durante la alcaldía del Dr. Aníbal Gaviria, quien además decidió pintar las fachadas de las casas de los barrios más pobres, casas extremadamente vulnerables, para poder mostrarles a los visitantes una ciudad pintarrajeada.

Cuando ocurrió la tragedia de Salgar, ocasionada por el desbordamiento de la quebrada la Liboriana que arrasó con muchas viviendas y en la que murieron 83 personas, el gobernador de esa época, el hoy candidato Dr. Fajardo refiriéndose a esta catástrofe, expresó el 20 de mayo de 2015 a El Colombiano: “No teníamos ni la más mínima capacidad de preverla”, debiendo conocer que el mapa de “Amenaza por Inundación” incluido en la página 241 del libro “Antioquia, Características Geográficas”, publicado desde 2007 por el IDEA y el IGAC, había clasificado a Salgar con una amenaza alta de inundación, resaltándola con color rojo, advertencia que el señor Fajardo inobservó.

A partir de la avalancha de Mocoa ocurrida en 2017, ya la Fiscalía maneja en estos casos otras hipótesis, cuando un servidor público debe tener conocimiento de que una tragedia de estas puede ocurrir y omite el cumplimiento de sus funciones.

En Hidroituango, habrá que esperar las investigaciones de los especialistas, sin embargo, vale la pena mencionar que en la ingeniería moderna se adopta como fundamental el concepto llamado “Redundancia”, que busca que la falla de un componente no afecte adversamente toda la construcción de tal forma que esta pueda permanecer operativa. Al parecer en Hidroituango se violó este principio básico y fundamental de la ingeniería al dejar un solo túnel de evacuación de las aguas, pues al tapar los otros, dejaron la construcción sin redundancia, sin alternativa para responder ante cualquier situación adversa que pudiera presentarse.

Estas tragedias no son designios de Dios. Es el hombre y sus gobernantes quienes no ven lo que deberían ver, cegados, tal vez, por las condiciones grises en las que se mueve hoy en día la ingeniería y la sociedad.