DIRIGÍ A LA CIA, AHORA ESTOY APOYANDO A HILLARY CLINTON
Por Michael J. Morell
redaccion@elcolombiano.com.co
Durante una carrera de 33 años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), he servido a presidentes de ambos partidos, tres republicanos y tres demócratas. Yo estuve al lado del presidente George W. Bush cuando fuimos atacados el 11 de septiembre; como subdirector de la agencia, estuve con Obama cuando matamos a Osama bin Laden en el 2011.
No soy demócrata registrado ni republicano. En mis 40 años de ser votante, he votado por candidatos de ambos partidos. Como oficial del gobierno, siempre he permanecido en silencio sobre mi preferencia para presidente.
Ya no. El 8 de noviembre pienso votar por Hillary Clinton. Entre ahora y entonces, haré todo lo que pueda para asegurar que ella sea elegida como nuestra 45a presidente.
Dos fuertes creencias me han llevado a esta decisión. Primero, Clinton es altamente calificada para ser comandante en jefe. Confío en que ella cumplirá con el deber más importante de un presidente, mantener segura a nuestra nación. Segundo, Donald J. Trump no solo no es calificado, sino que bien podría posar una amenaza para nuestra seguridad nacional.
Pasé cuatro años trabajando con Clinton cuando ella era secretaria de Estado, descubrí que ella estaba preparada, orientada hacia el detalle, pensativa, inquisitiva y dispuesta a cambiar de parecer si era presentada con un argumento convincente.
Desde temprano Clinton fue proponente de la redada que trajo a Bin Laden a la justicia, en contra de algunos de sus colegas más importantes en el Consejo Nacional de Seguridad.
En fuerte contraste con Clinton, Trump no tiene experiencia con la seguridad nacional. Aún más importante, las características que ha exhibido durante la temporada de las primarias sugieren que sería un mediocre y hasta peligroso comandante en jefe.
Estas características incluyen su obvia necesidad por el autoagrandamiento, sus excesivas reacciones a insultos percibidos, su tendencia a tomar decisiones con base en la intuición, su negativa a cambiar sus posturas con base en nueva información, su descuido rutinario con los hechos, su falta de disponibilidad para escuchar a otros y su falta de respeto por la ley.
Los peligros que fluyen del carácter de Trump no solo son riesgos que saldrían a la luz si se convierte en presidente. Ya le está haciendo daño a nuestra seguridad nacional.
El presidente ruso Vladimir V. Putin fue un oficial de inteligencia de carrera, entrenado para identificar vulnerabilidades en un individuo y explotarlas. Eso es exactamente lo que hizo en las primarias. Se aprovechó de las vulnerabilidades de Trump halagándolo. Y Trump respondió justo como lo había calculado el Sr. Putin.
Putin es un gran líder, dice el Sr. Trump, ignorando el hecho de que ha asesinado y encarcelado a periodistas y oponentes políticos, ha invadido a dos de sus vecinos y está llevando a su economía a la ruina. Trump también ha adoptado posiciones políticas consistentes con los intereses rusos, no los americanos, apoyando el espionaje ruso contra los Estados Unidos, apoyando la anexión rusa de Crimea y dando luz verde a una posible invasión rusa de los Estados Bálticos.
En el negocio de la inteligencia, diríamos que Putin ha reclutado a Trump como un agente involuntario de la Federación Rusa.
Trump también ha menospreciado la seguridad con su llamado a prohibir la entrada de musulmanes al país. Esta postura, la cual tan claramente contradice los valores fundacionales de nuestra nación, pone en juego la narrativa yihadista que dice que nuestra lucha contra el terrorismo es una guerra entre religiones.
Mi entrenamiento como oficial de inteligencia me enseñó a decir lo que pienso. Eso es lo que hice para la CIA. Es lo que estoy haciendo ahora. Nuestra nación será mucho más segura con Hillary Clinton como presidente.