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¿Dónde está Europa tu vitalidad?

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09 de diciembre de 2014

Con el frescor traído de las tierras del Nuevo Mundo, el primer Papa no europeo, luego de 1.200 años lanzó una crítica a un continente que se ve cansado, pesimista, en el que sus grandes ideales, “parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones”.

Lo hizo el pasado 25 de noviembre durante los discursos al Parlamento Europeo y al Consejo de Europa en su viaje relámpago a Estrasburgo.

El Pontífice manifestó su preocupación de que Europa esté perdiendo sus raíces. La comparó con un tronco que crece con elementos tan ricos como el pensamiento, la cultura y los descubrimientos científicos. “Las raíces se nutren de la verdad, que es el alimento, la linfa vital de toda sociedad que quiera ser auténticamente libre, humana y solidaria”, dijo, y aseguró que su patrimonio no puede ser: “un simple retazo del pasado para museo”, sino que debe todavía “inspirar la cultura y abrir sus tesoros a toda la humanidad”.

También habló del tema de la soledad, condición en la que viven muchos de sus habitantes. Una soledad que refuerza la “cultura del descarte”, cuyas principales víctimas son los ancianos, los enfermos terminales y los no nacidos. Así como las mujeres que posponen o cancelan el proyecto de maternidad en pro, muchas veces, de una mayor productividad laboral. Una soledad cuyas causas son la pérdida del sentido de familia, la cual, “unida, fértil e indisoluble trae consigo los elementos fundamentales para dar esperanza al futuro”.

El Papa se refirió a la necesidad de ser solidarios, una cualidad inversamente proporcional a la soledad y el individualismo. Recordó la necesidad de tender la mano a tantos inmigrantes. Y al respecto dijo una frase que ha resonado en la mente de muchos: “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”, refiriéndose a las miles de personas que han muerto, luego de huir en embarcaciones rudimentarias de sus países de origen.

También tocó el tema de la pobreza, tan diferente a la de nuestros países, pero no por ello menos degradante. La pobreza del inmigrante que está solo, que no entiende el idioma, que se alimenta de los restos que dejan los turistas en las calles, que hoy está durmiendo en la calle en medio de las heladas temperaturas propias de esta época. Por ello hizo un llamado a los eurodiputados a no ignorar esta realidad.

Igualmente hizo mención al lema de la Unión Europea “unidad en la diversidad”. ¿Cómo se logra este ideal? valorando todas las tradiciones; tomando conciencia de su historia y de sus raíces; liberándose de tantas “manipulaciones y fobias”, viendo la diversidad como una familia en la cual, “cada uno de sus miembros puede ser más plenamente sí mismo sin temor”.

¿Dónde está Europa tu vitalidad? Es la pregunta que implícitamente hizo el Papa a los representantes de los 500 millones de habitantes del Antiguo Continente. Vitalidad que puede recuperar cuando los europeos vuelvan a “apostar por el hombre, por encima de las instituciones”, como dijo en este discurso y poniendo su confianza, “no tanto como ciudadano o sujeto económico, sino en el hombre como persona dotada de una dignidad trascendente”.