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“¡EH, VEA QUÉ TAN BUENO!”

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31 de enero de 2016

Hace unos meses escribí un artículo sobre la telenovela de Las hermanitas Calle que recién comenzaba, y hoy, pocos días después de su final, vuelve la burra al trigo.

Creación de César Augusto Betancur, “Pucheros”, los libretos quedaron como bordados a mano por una monja: Impecables. Una historia coherente, bonita, pacífica, natural y bien contada que nos dejó saber, en 80 capítulos, que las novelas sin capos, sin drogas, sin matones, sin sexo explícito y morboso, sin sangre y sin violencia, también venden y son ganadoras.

Porque muy al pesar de quienes denigran de la televisión, la novela no la vimos 100 ni 200 desprogramados. La vimos millones de colombianos que, de muchas maneras, nos sentimos identificados con lo que somos en esencia. Y atrevida como soy, me tomo la vocería para aplaudir no solo al libretista (excepto por ese lunar en la punta de la nariz que fue la aparición del gringo y su señora madre) sino también al elenco en pleno que, como el pollo que sabemos, no tuvo presa mala.

La música de carrilera, tan desprestigiada y tan despreciada durante décadas, se vistió de gala para esta producción. Sin necesidad de hacer un estudio sociológico de las letras, querámoslo o no, las guascas hacen parte de nuestras tradiciones.

Si me pidieran elegir al mejor actor para darle un premio, tendría que declararme la más encartada del planeta, pero no dudaría en señalar a Tulia y a Fabiola como las ganadoras del trofeo, no solo por sus actuaciones magistrales sino por la belleza de sus personajes. Y ya que dije Tulia, ella, con sus piernas chuecas, su aplomo y su sentido común, nos recordó que en la familia hace falta el amor sin reservas sazonado con la sabiduría y la mano firme que confiere la autoridad. ¿Quiénes de nosotros no vimos a nuestra mamá reflejada en los gestos, los dichos o los abrazos de Tulia Araque?

Qué gusto ver a Nelly, Fabiola, Rosa y Auxilio luchando por sus ideales contra viento y marea, enfrentando temores y superando debilidades con perseverancia y tenacidad, sin poner en riesgo su dignidad. Sonia Monsalve, la malvada más celebrada del país por estos días, confirma que la vida es como un ramillete de rosas perfumadas... con agudas espinas. “Hay gente mala”.

La mayoría de los “tatabrones” de la historia mostraron más defectos que virtudes: el papá que escurrió el bulto, el hijo calavera, el tío medio inútil y el alcalde corrupto apoyado en un cómplice ingenuo. A propósito, ¿cuántos fermines y libardos zuluagas habrá en nuestros municipios haciendo de las suyas con el presupuesto?

De enmarcar la belleza de nuestras fincas y el paisaje de los cafetales, con sus racimos reventones cargados de granos rojos y verdes, recolectores incluidos, que cogen con cuidado, grano a grano, solamente los maduros. Recuérdelos y deles las gracias en el próximo tinto que se tome.

Con la misma fuerza con la que he criticado los canales por sus series sobre narcos y pornomiseria, hoy agradezco a Caracol por unir a la familia en torno a una historia amable y corroborar que también somos un país de gente honesta y trabajadora donde, a pesar de los descalabros y de tanta corrupción, la palabra “rendirse” no tiene cabida. Tulia, sin duda, lo diría mejor: “¡Eh, vea qué tan bueno!”.