Columnistas

El Abismo

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19 de mayo de 2018

Amable lector. Afuera de las ciudades en un día de verano al amanecer, el cielo se llena de colores que representan un precioso mosaico; poco más tarde desaparece como si fuera un sueño. Igual cuando atardece, que a diferencia del primero el colorido es más intenso y dura más tiempo. Mirando el mar de aguas tranquilas invita a la meditación. Quienes disfrutan de un penthouse o habitan en una casa rodeada de jardines, antes de dormirse, piensan que todos viven igual.

En noviembre de 1985 el volcán Nevado del Ruiz se estremeció y las aguas y cenizas sepultaron 25.000 almas. En 2005 el huracán Katrina causó la muerte de cerca de 2.000 personas y los daños materiales, incluyendo la ciudad de New Orleans, superaron nuestro presupuesto nacional. Un día de abril de 2017 dos tranquilos ríos el Mocoa y el Mulatos, las aguas desbordadas destruyeron buena parte de la población; murieron más de 300 personas.

Cuando hay agnósticos, donde la tierra tiembla con furia o las aguas destruyen todo a su paso, con frecuencia son los que elevan las más sentidas plegarias al cielo. Los estragos de la naturaleza por grandes que sean no dejan resentimientos. En cambio, los daños que hacen los humanos, en bienes, vidas y honras, difícilmente se perdonan.

El manejo que dieron los Kirchner en Argentina o Chávez y Maduro en Venezuela, tardarán décadas para volver a la normalidad. En el primero será difícil regresar al punto de partida y en el segundo casi imposible. Más que los daños materiales es el enfrentamiento de clases. En palabras simples, entre ricos y pobres, que a la postre los que más sufren son los últimos.

El pueblo de Antioquia ha recibido un duro castigo de la naturaleza. Frente a esta dura realidad, es preciso hacer una evaluación seria que permita establecer si hubo errores técnicos o decisiones equivocadas. Mientras tanto, los comentarios que se han hecho sobre EPM y a las firmas constructores son temerarios.

La próxima semana habrá elecciones para elegir presidente de la Nación. En esta oportunidad lo sensato es respaldar a Iván Duque, quien recibirá un país con enormes dificultades en lo social y lo económico. La corrupción nos está haciendo más daño que las aguas de Hidroituango y la represa de la justicia tambalea.

Según las entrevistas a los candidatos se pretenden que sean expertos en temas como la salud, educación, orden público, corrupción, impuestos, regalías, el acuerdo de paz, la deuda pública, la coca, el régimen pensional. La verdad es que también estos ambicionan saber de todo.

Un amigo vendía herramientas, tales como martillos, tenazas, alicates, serruchos, formones, destornilladores. Un proveedor le ofreció una que hacía de todo y le respondió, si hace de todo no sirve para nada. Ojalá que el doctor Duque escuche con atención a los que saben y tome las decisiones que más convengan a la comunidad. Cuidado con los asesores.

La diferencia entre Duque y Petro no es una línea ni una franja, es un abismo, despeñadero o profundidad, que si caemos en él será casi imposible de salir.