EL ALGORITMO DE LA POLÍTICA CAMBIA
Por Fernando H. Cardoso
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La elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos confirma algo que ya se presentía. En Francia, aunque no llegue a ganar, es probable que Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional, aumente su votación.
¿Será el temible “regreso de la derecha”?
Sí y no.
Es indiscutible que la ola contemporánea es de rechazo a los “males de la globalización”. Los que simbólicamente representan la “globalización feliz”, en expresión de Pascal Perrineau, especialista francés en sociología electoral, están cosechando el repudio de los desheredados de ella.
Pero esto es solo una parte de la historia. Al mismo tiempo, la sociedad está rehaciendo vínculos de solidaridad y definiendo normas de comportamiento orientadas por valores que se apartan de las tendencias anteriores. Las razones de esa sacudida no pueden reducirse a las consecuencias de la integración global de los mercados, a la alta productividad de las nuevas tecnologías y el consecuente drama del desempleo.
Este mundo se transformó profundamente. Con la difusión de las innovaciones tecnológicas de automatización, miniaturización y especialmente comunicación en red, las nuevas formas de producción crearon una economía de alta productividad y bajo empleo, con el encogimiento del sector fabril y la expansión de los servicios.
Las sociedades capitalistas acrecentaron la estructura de clases (sin deshacerla), los mecanismos de movilidad social y las formas de interacción y de cohesión social, que se hacen y deshacen rápidamente, suministrando estructuras organizacionales intermedias.
La gente se junta y se separa por redes intercomunicadas. Y de tiempo en tiempo lleva a cabo acciones colectivas: manifestaciones, protestas, las “olas electorales” que se forman independientemente de los partidos.
Todo esto asusta a los miembros del “establecimiento”, tanto de izquierda como de derecha: organizaciones multinacionales, sindicatos, medios tradicionales de comunicación, partidos, iglesias, etcétera.
El asunto no se agota en decir: “Es la derecha la que está victoriosa, aunque sea”. No es cualquier derecha; es la derecha del orgullo nacional xenófobo, la derecha del fuera los inmigrantes, la del personalismo autoritario, valores en parte compartidos por cierta izquierda.
Ante la victoria de Trump, lo más correcto sería recordar las palabras de la canciller de Alemania, Angela Merkel, y reafirmar: Nosotros tenemos principios, amamos la libertad, tenemos respeto por la dignidad humana y la democracia. Las reglas de esta se aplican a todos, independientemente del color de la piel, de la orientación sexual, religiosa o partidaria. Al mismo tiempo, no debemos cerrar los ojos a las consecuencias de la “globalización asimétrica”, que pone al margen a regiones enteras del mundo y a sectores internos incluso de las sociedades más prósperas.
Ante las transformaciones sociales y culturales, el pensamiento progresista no debe cantar loas a la debacle de la globalización, que arrastra consigo a los principios iluministas que abrazaba Marx (con la intención de superarlos). Tampoco cabe taparnos la nariz con repugnancia ante lo que está ocurriendo. Es necesario conocer el malestar para que resurja la esperanza.
Las propuestas para el futuro deben mirar las necesidades concretas de la gente. Fue eso lo que los “blancos, pobres y sin estudios” (el proletariado...) vieron en la demagogia de Trump. No basta criticarla por engañosa; es preciso escuchar el drama de los perdedores, darles una respuesta efectiva, no cerrar los ojos a los efectos negativos de la globalización y, no menos importante, reafirmar al mismo tiempo los principios de libertad, dignidad humana e igualdad democrática.
A diferencia del progresismo del siglo XVIII, centrado en el individuo, y del siglo XIX, centrado en la clase, el actual debe de centrarse en personas que viven y mueren “en redes”. No repudian lo colectivo: quieren existir adentro pero manteniendo su autonomía, su libertad de elección. El algoritmo es otro. Hay intereses, pero los valores también cuentan