Columnistas

El Año de Putin en Escándalos

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11 de enero de 2016

Empezando 2016, el presidente Vladimir Putin es un político muy distinto al que era hace un año. Sus cambios más significativos tienen poco que ver con lo que ha hecho en los últimos doce meses. Fueron forjados por los sistemas judiciales de dos países extranjeros, Gran Bretaña y España, y un montón de periodistas y activistas rusos y occidentales. Gracias a todos estos diversos esfuerzos, ha emergido una imagen vívida, completa pero especialmente pública de alegaciones de corrupción y conexiones con el crimen organizado que en el pasado han servido como espacio para rumores o investigaciones inconformistas que no se atrevían a publicar.

Comenzando el 2015, hubo 34 días de audiencias en Londres sobre la muerte de Alejandro V. Litvinenko, el solitario agente de policía secreto ruso, quien murió por envenenamiento con polonio en Inglaterra en el 2006. La posibilidad de que el gobierno ruso y el mismo Putin podrían haber estado detrás del asesinato ha sido discutido por mucho tiempo por periodistas y detallada en libros, pero tomó casi una década llevarla a un ámbito legal.

Las audiencias, sostenidas por petición del Ministerio del Interior, fueron “una consulta”, en lugar de un juicio, pero tuvieron lugar en una corte y fueron presididas por un juez retirado, Señor Robert Owen. (Un juicio habría sido imposible porque Rusia se había negado a extraditar a los dos sospechosos en el asesinato).

El abogado inglés Richard Horwell, representando al Servicio de Policía Metropolitano, dijo con furia en sus alegatos, “El Kremlin no puede exactamente quejarse si los ojos del mundo miran hacia él para que tome responsabilidad por el asesinato de Litvinenko”, y añadió que “de todos los blancos en la mira de Litvinenko, Putin era el que estaba en su mira con más frecuencia”.

En mayo, fiscales españoles pidieron a una corte de Madrid permiso para imputar cargos de lavado de dinero contra 27 personas, después de una investigación de una década que implicó, entre otros, a altos oficiales rusos, algunos con negocios o propiedades en España. La queja de 488 páginas nombra a un miembro actual del Parlamento Ruso, un exprimer ministro y un exministro de defensa. Resalta numerosas conexiones entre el supuesto líder, Gennady Petrov, una figura influencial en San Petersburgo, y el círculo íntimo de Putin.

A principios de diciembre, el canal de televisión alemán ZDF lanzó dos películas sobre Putin. Una presentó un retrato completo del presidente ruso, revisando hechos e imágenes que se conocían antes. La otras, llamada “El Rastro de Moscú”, vinculó el caso de Litvinenko con la investigación española: Litvinenko, decía, había estado estudiando las mismas conexiones entre Putin y el crimen organizado que revelaron los investigadores españoles. En parte gracias a Rusia Abierta, una organización fundada por el exmagnate petrolero Mikhail Khodorkovsky, quien pasó 10 años en la cárcel y ahora vive exiliado en Londres, ambas películas alemanas tuvieron algo de tiempo al aire en el internet en idioma ruso: La organización las tradujo y las publicaron en su página web.

Otra investigación sobre la corrupción que se desarrolló durante el 2015 implica a la familia de Putin. A comienzos del año, la publicación de negocios rusa RBC reveló una investigación sobre un proyecto de expansión universitario, localizado en una gigante porción de tierra perteneciente en parte a la Universidad Estatal de Moscú y en parte al Estado de Rusia. El informe documenta meticulosamente la escala y el alcance del proyecto, y el involucramiento de muchos de los administradores de negocios más prominentes estatales y privados de Rusia. Pero cautelosamente evitó la identificación de la mujer a cargo, quien se negó a ser entrevistada. RBC solo quiso decir que su nombre era Katerina Tikhonova —un nombre ruso muy común, y que había sido vista en público con Kirill Shamalov, el hijo de un amigo cercano de Putin.

Al día siguiente el periodista Oleg Kashin publicó en su blog un artículo titulado ‘Es ella’. Katerina Tikhonova, escribió, era la hija de Putin. El secretario de prensa del presidente, Dmitri S. Peskov, respondió con una negación imprecisa. “No sé quién es ella”, dijo. “Muchas niñas se han hecho pasar por hijas de Putin”. Luego Reuters, en una gran investigación que publicó al final del año sobre la corrupción rusa, reportó que Tikhonova, de 29 años, de hecho sí era hija de Putin, que Shamalov era su esposo y los dos eran billonarios.

Otra investigación el mes pasado reveló vínculos entre el procurador general de Rusia y la familia de crimen organizado más notoria del país.

El hecho de que Putin tuvo que enfrentar dichas acusaciones muestra que hay un nuevo entendimiento sobre Rusia que está cogiendo fuerza: es un estado de mafia, no solo porque es administrado como una mafia, sino también porque es manejado por el crimen organizado.