El camino hacia la hombría
El método de la confianza: así podría nombrarse el siguiente ritual de los indios cheroqui de Oklahoma y el sudeste norteamericano. Marca el paso de infancia a juventud.
El padre lleva al niño vendado al bosque, lo deja solitario y le advierte que no es permitido quitarse la venda hasta el otro día. Sentado en un tronco, el muchacho no puede pedir auxilio a nadie, oye ruidos de bestias salvajes.
Cuando sale el sol, se quita la venda y descubre a su padre sentado junto a él. Ha velado toda la noche en silencio para proteger a su hijo sin que este se dé cuenta. Ningún niño debe contarles a otros su experiencia.
De alguna manera el adolescente intuirá que su padre no lo conduce a morir en las fauces de los lobos. Esa intuición reposa únicamente en la confianza de que en el mundo las cosas están organizadas a su favor.
Para que tenga esta certeza se requiere que desde su nacimiento haya sido un oso bien lamido. Es decir que su piel temprana gozara del calor y dulzura de la lengua de sus padres. Que la saliva del amor lo inmunizara contra el horror.
Por eso acepta ir al territorio de las fieras, sumirse en la noche íngrimo y enceguecido. Permite que su mente desarrolle muchas escenas de destrozo y sangre. No se aferra al brazo paterno ni reniega de su suerte. Es un hombre recién nacido por segunda vez, bajo la negrura del destino.
Sin embargo, la conciencia íntima de su seguridad no descarta el pavor de saberse abandonado bajo las tormentas del cielo. Nadie le ha pasado la noticia sobre los pormenores del ritual, es el primer ser de la historia en someterse a semejante incertidumbre. La venda le pesa como una bóveda absoluta.
Al amanecer se produce en su interior una revelación: dios es su padre. Es su protector, el que nunca lo desampara, el firme sustento de su vida.
Se acaba de cumplir en él el relevo que lleva muchas generaciones. A su padre le enseñó el abuelo, a este el bisabuelo, y así desde el primer cheroqui que pobló la tierra y descubrió que es buena.
El camino hacia la confianza es el prolongado curso del amor. Si las bestias salvajes se alejan en la noche de su indefensión, no habrá obstáculos insalvables de ahí en adelante. Ahora él asumirá la mano poderosa de su estirpe con el compromiso de pacificar la ruta de sus futuros hijos. El día de su hombría comienza en paz.